domingo, 28 de marzo de 2021

NAVEGACIÓN Y CONECTIVIDAD


 1918 Aureliano Oyarzún y Martín Guzinde en balsa de totoras en uso durante la primera mitad del siglo veinte. foto del archivo de memoriachilena.cl

Construcción de balsa en la década del 70, funcionario del MOP y alcalde de Pichilemu. Conectando las provincias de Colchagua y Curicó, a través de Cáhuil, río Nilahue. Foto NN, archivo familiar Saldías.

Bote de paseo y servicio en salares (hoy inexplotados), a la altura del 2725 del Camino a Cáhuil. Foto de Antonio Saldías G.

sábado, 27 de marzo de 2021

IMÁGENES DEL PASADO


 Restos óseos en cementerio de "Laguna del Perro", sitio disturbado por inmobiliarias. Foto: Washingtón Saldías G.
"Ídolo de Cáhuil", original desaparecido, réplica en Museo del Niño Rural" de Ciruelos realizada por el escultor Eduardo Saldías Parra.

Bote a remos, embancado en salares sin explotación. Foto: Antonio Saldías G.

jueves, 25 de marzo de 2021

Nota de A. Cerón, 2013.


 

La casa de I.P.C.

 

CEMENTERIO PARROQUIAL DE PICHIDEGUA

El terreno del antiguo cementerio de Pichidegua de unas cuarenta varas cuadradas, más o menos, quedó incorporado a la Hacienda Pichidegua de Don Antonio Toro Donoso en virtud de la cesión de Toro a la parroquia de Pichidegua de un “área de terreno de
cincuenta metros de frente por ciento diez de fondo con derecho a un camino de
tres varas de ancho para comunicación del nuevo cementerio con el Camino Real.
Dicho terreno está ubicado en el deslinde oriente, sus inmediaciones de la
hacienda de Pichidegua… deslinda: al oriente con doña Genoveva Lezaeta viuda de
Zúñiga, y por otros tres costados con terrenos de la misma hacienda.
(Conservador de Bienes Raíces de Rengo, año 1901, inscripción 517, fojas 300).

Doña Genoveva Lezaeta viuda de Zúñiga heredó de don José Aniceto Zúñiga el terreno referido en el deslinde oriente de la inscripción citada. Y es uno de tres terrenos que Zúñiga
hipotecó para garantizar un préstamo de la sociedad de Bera y Salinas en 1859.
Consta que  la “posesión que tiene en Pichidegua con lo edificado y plantado deslinda por el oriente con sitio de José Antonio García, por el poniente con sitio de don Miguel Lezaeta, por el sud con la acequia del pueblo y por el norte con camino público”. (Conservador de Bienes Raíces de Rengo, 1859, inscripción número 1).

El terreno para el nuevo cementerio parroquial había sido adquirido por don Antonio Toro Donoso en 1884, en la cantidad de $1200. “Doña Antonia y don Ismael Parraguez vendieron a favor de don Antonio Toro Donoso, un sitio con lo edificado y plantado, ubicado en Pichidegua… el sitio de tres cuadras más o menos, con derecho a cerro, cuyos
deslindes son: al norte con el comprador y al oriente con la testamentaria de
don José Aniceto Zúñiga.” (Conservador de Bienes Raíces de Rengo, 1884, inscripción 476).

Este terreno fue adquirido por la herencia de los bienes de don Ramón Parraguez. Don Ismael, además de su propio derecho, había adquirido en 1881 la acción y derecho
correspondiente a don José Ramón Parraguez. (Conservador de Bienes Raíces de
Rengo 1881, inscripción 131).

La familia Parraguez era propietaria hasta 1884 “de un sitio con lo edificado y plantado”, es

altamente probable que al momento de nacer Ismael Parraguez Cabezas en 1883, la
casa y residencia estuviera en dicho sitio y el pequeño haya vivido sus
primeros años donde hoy se encuentra el cementerio parroquial. Posteriormente,
el padre del futuro maestro adquirió otro terreno a los herederos de la familia
Rodríguez al que seguramente se trasladó con su prole.

 

El libro: Vida y Obra de I.P.C.

viernes, 10 de enero de 2020

Libro sobre IPC

Y no dijo ni pío…?

 La verdad, la verdad es que; Los pollitos dicen pío, pío… Según el maestro Ismael Parraguez a quien corresponde la autoría de la poesía y letra de la célebre canción infantil, que la música es una melodía alemana. Nobleza obliga. Nos enteramos a través de Valentín Trujillo, que los mismos acordes, solo que unos grados más bajos, se encuentran en el himno de Israel y al corroborar este dato, nos retrotrae a una obra de B. Smetana, El Moldava, segundo movimiento de la obra Mi patria. Incluso más, se sostiene que Smetana es uno más de varios músicos famosos que se inspiraron en una obra de un compositor lírico italiano del siglo XVI y su obra llamada La Mantovana. Entre ellas la canción infantil alemana, Fuchs, du hast die gans gestohlen. Zorro, has robado la oca. Quizá, es la melodía alemana que nos refiere I. Parraguez en Poesías infantiles. Todo cierto, salvo detalles. Lo más interesante es que don Ismael, no se apropia de la creación de la música de Los pollitos dicen… Un gesto de honestidad intelectual muy escaso, desde hace tiempo hasta hoy y en adelante. 

El plagio y la piratería está a la orden. Don Ismael Parraguez Cabezas era un intelectual respetuoso de la autoría, creación y trabajo de sus pares. Irreprochable. El historiador Armando de Ramón, en el prólogo a una publicación de María Teresa Cobos, año 1989, nos dice acerca de las obras de investigación histórica que, “La presente constituye una de aquellas obras que son la base y fundamento del conocimiento histórico. Sin ellas no es posible hacer las grandes síntesis ni tampoco abordar las monografías pormenorizadas que requieren la existencia de una recolección previa de muchos datos mediante la elaboración de estas obras de base. Cuando ellas están, los autores que deben utilizar este tipo de datos precisan hacer ese trabajo previo o abandonar el intento. Cuando ellas están, aparecen como canteras abiertas de las cuales todos sacan material olvidando, a veces, el lugar de donde los obtuvieron, como ocurre hasta hoy con los eruditos trabajos de Tomás Thayer Ojeda, uno de los investigadores chilenos más consultados y menos citados.” Una omisión inexcusable. Tanto más si esta fuere consciente, deliberada…

Comprando Huevitos? 

Que es primero, el huevo o la gallina es tema para la paleontología, la cosa nostra es menos compleja y haremos un intento de explicarnos el momento de la conexión, con la obra y su creador. “Estaba comprando huevitos de campo en la zona rural de Pichidegua, y un campesino, apuntando una casona, me dijo: en aquel lugar vivió el autor de "Los pollitos dicen"... Le pregunté si sabía quién era, pero era todo lo que sabía. Gracias a este buen hombre, comencé a investigar al creador de esa legendaria y famosa poesía infantil, que se enseña y se canta en muchos países. Y descubrí a una maravillosa figura literaria, Ismael Parraguez Cabezas”.

“Cuando tropecé con su rica historia, inundada de talento, de libros, de música, de historia, de educación y consagradas de realizaciones, pensé de inmediato en extraerlo de aquel olvido, lugar inmerecido al cual de ningún modo nunca debió llegar”. Porqué?, “Nada se parece más a la muerte que el olvido de cualquier semejante, y si éste tuvo un paso significativo, fuera de lo común, por esta tierra, aquel olvido se convierte en una injusticia llena de desolación”. Un tropezón lleno de ternura… 

También. Y ocurrió el ocho de mayo del 2012 cuando apareció en El Rancaguino una nota conmemorativa del fallecimiento del autor Ismael Parraguez, escrita por Héctor González, historiador, periodista y propietario del medio. Esta me fue remitida por mí hermano Washington, director del periódico Pichilemunews.cl . En ella se afirma que el personaje, nació en Pichilemu, dato que, ambos, ignorábamos absolutamente, tamaño desconocimiento había que revertir, de modo que nos avocamos a una búsqueda frenética para superar el lapsus y reivindicar la figura del coterráneo. Chequear el lugar de origen fue el punto de partida y nos tardó varios meses obtener un resultado fiable, mientras nos asaltaba una impresionante producción intelectual, lo que nos ahondaba en una especie de sentimiento culposo. La noticia certera y fehaciente nos llegó por la gentileza de Ma. Fernanda Martínez del Museo de la Educación, quien confió y dispuso rica información personal y obras del destacado maestro egresado de aquellas mismas aulas donde se emplaza el Museo, el edificio de la ex Escuela Normal José Abelardo Núñez. De su carpeta de educando proviene la indiscutida información, Ismael Parraguez Cabezas nació en el Fundo Las Pataguas de la comuna de Pichidegua. Tuve oportunidad, por atención de la secretaria parroquial, Ma Sandra Lisboa, de disponer también de un escaneo de la partida de bautismo de Francisco Ismael Segundo Parraguez Cabezas. Definitivamente, no es pichilemino. Me quedaba el consuelo de la pertenencia regional, todavía. Y más aún, por aquella época, colchagüinos. A esas alturas el ilustre personaje ya me había cautivado. No obstante resolví dejar en manos de algún pichideguano con empatía cultural la tarea de revalorizar el legado del maestro. Hice entrega de sendas carpetas con la información reunida hasta ese momento, al alcalde de Pichidegua, a la directora de la Escuela de Pataguas Cerro, escribí algunas reflexiones en mi sitio personal de Facebook y creé un blog llamado pichideguahistoria.blogspot.com para divulgar y destacar al personaje y su obra.

No fue fácil, había puesto en marcha un proceso que continúa brindando noticias, contactos, actividades… Uno de aquellos eventos fue ubicar y conocer algunos descendientes de Ismael Parraguez, especialmente a su nieta Patricia Parraguez Chen, maestra de piano residente en EE UU. Quien generosamente comprometió su participación en un acto conmemorativo dedicado a su abuelo brindando un concierto de piano gratuitamente. Tras un parto doloroso debido a la improvisación funcionaria de la comuna, dicho acto tuvo lugar en agosto del 2013. Todo esto está registrado, sin embargo a poco andar se ha apoderado una virulenta amnesia dada en grado sumun en el alcalde Ferón. 

Hace un par de meses tuve noticias acerca de la pronta aparición del libro, “Vida y obra de Ismael Parraguez”. En su contraportada el alcalde señala: ”Estamos felices con este rescate del acervo cultural, que llevaba más de un siglo en el anonimato, y desde hoy levantamos como un ejemplo singular para las nuevas generaciones”, continúa, “Que este volumen recoge y presenta en un sólido acopio de informaciones personales realizado por el escritor nacional Raimundo E. Marchant”. 

Ruben Adolfo Ceron Gonzalez. Un gusto de saludarle Dn. Antonio me ha dado una muy linda y sorpresiva información que desconocía absolutamente, por supuesto que sería muy grato seguir conociendo de este Pichideguano para ello lo invito cuando así Ud. Pueda visitar nuestra comuna estaré muy contento de recibirlo para conocerlo y podamos intercambiar opiniones acerca de este intelectual y otras materias. Saludos Cordiales 17 de mayo 2013, mensaje a través de Facebook.

En las horas previas al concierto citado de 26 de agosto del 2013 fui consultado personalmente por acuse de recibo por devolución de la carpeta con la información biográfica de don Ismael Parraguez que proporcioné al alcalde, además de copia de unas páginas de un libro del historiador M. Góngora. Lo que no se había verificado, puesto que el funcionario encomendado no realizó oportunamente y cumpliendo solo en la primera semana de septiembre mediante servicio de correos. Adjunto a dicha información se contiene una nota manuscrita del alcalde agradeciendo mí aporte a la divulgación de la obra del ilustre maestro pichideguano. La nota no consigna la fecha. Cuestión que no justifica el olvido posterior, “ese olvido parecido a la muerte”. 

La fórmula de gestar el libro dedicado a la Vida y obra de Ismael Parraguez me hace demasiado ruido, sin embargo hay una noticia muy buena, la reedición antológica de su obra poética infantil, especialmente, incluyendo por cierto la ya clásica y universal, Los Pollitos, y la creación de composiciones propias de los niños pichideguanos en honor del maestro Parraguez. Cabe señalar también algunos datos biográficos novedosos que nos brindan un mayor y mejor conocimiento del destacado autor. La divulgación de la obra de Ismael Parraguez continua siendo de una gran importancia para la cultura regional en tanto aporte al acervo de todo el país y a los niños del mundo. En ese entendido es que acepté la solicitud del escritor R. Marchant de distribuir algunos ejemplares de la obra destinados a medios y gestores de la comuna de Pichilemu.

 

domingo, 21 de marzo de 2021

RUTAS ANCESTRALES

RUTAS ANCESTRALES: Desde el saber e ingeniería milenaria a la pulsión burócrata.
“Ha sido el empuje de los cazadores de antaño. De los pastores, de los caravaneros prehispánicos, de los arrieros de la colonia y la república, tanto como el de los pobladores actuales…” (Introducción, Las Rutas del capricornio andino. Los Andes sin fronteras. Ángel Cabeza M. y Mario Vásquez M.). 
En términos de eficacia en conectividad de los espacios ocupados por los pobladores originarios, previo al contacto con la invasión conquistadora hispana, el imaginario colectivo retiene en su archivo en primerísimo lugar el icónico Qhapac Ñan, “camino del inca”, con el cual se refieren a la extensa red del Tahuantinsuyo, otorgándole su importancia en la expansión, asistencia, explotación y conservación del imperio por alrededor de dos siglos. Y además, en su término. Unos pocos siglos en la vida de los pueblos de existencia milenaria que precedieron la existencia inca, los cuales habían desarrollado grandes avances en diferentes especialidades; cerámica, orfebrería, textiles, agricultura e irrigación, y caminos. Canales y caminos considerados como una de las más grandes obras de ingeniería de la humanidad. Nada menor. 
 “Los mochicas de Lambayeque han dejado en toda la parte llana de la costa, y aún a las faldas de los cerros, vestigios de una red de canales de irrigación y de tres caminos que corren en forma casi paralela unos a otros, de norte a sur;” (Oscar Waisse, Historia del Perú.). Misma afirmación comparten; Kosok, Ravines, Hyslop, Rodríguez Suy Suy, citados en Un Camino Ceremonial Chimú. 
Varios especialistas coinciden en afirmar que la evidencia indica la prexistencia desde épocas tempranas de una red vial, especialmente en el norte, la que alcanzaría la era Chavín, según Beck, quién encontró alrededor de 150 trechos preincaicos. Asentamientos Wari en Piquillacta, Chillón, Pachacámac y Cañete construyeron importantes redes viales que los conectaban incluso con la amazonía. 
El concepto de los tres caminos paralelos con un eje de norte a sur, elaborado por los moches es desarrollado a través de varios siglos y les permitió sortear la escarpada geografía y conectar sus posesiones con otros pueblos con los que mantienen relaciones de intercambio. Con la irrupción inca este concepto es perfeccionado al punto que aún hoy nos asombra y entre el sur de Colombia, el centro sur de Chile, Bolivia, oeste de Brasil y el noroeste de Argentina, todavía existan algunos tramos en uso, como pudo verificar el mismo Beck (1979). 
En nuestro “Mapocho incaico” sobre el cual se fundó la actual ciudad de Santiago de Chile, según los resultados de las excavaciones del arqueólogo Rubén Stheberg y el historiador Gonzalo Sotomayor, cuyas conclusiones fueron publicadas en 2012 se indican que corresponden a un centro urbano, “desde el cual salían caminos incaicos en distintas direcciones y cuya base de sustentación fue la hidroagricultura y la minería de oro y plata”. La extensión de la red vial incaica en la zona centro sur de nuestro territorio no fue una excepción del concepto de los tres ejes norte sur, la historiografía nacional coincide sin contradicción en la existencia de los caminos; de la frontera, del medio y de la costa. 
La red ferroviaria y nuestra ruta 5 sur corre en gran medida por el antiguo camino de la frontera, el de la costa recibió bastante atención hace tres décadas, siendo el del medio el más rezagado. Hoy podría hasta ser de Perogrullo apuntar que dadas las características geográficas del flaco territorio entre Los Andes y el Océano, lo que correspondía era exactamente lo que trazaron los ingenieros originarios hace más de cinco mil años, antes del presente. Lo que encontró el inca recién en el siglo XV, una pega que estaba hecha. 
Y, ¿CÓMO ANDAMOS EN CASA? 
Nuestros antepasados que poblaron el territorio, tenían una concepción diferente, que proviene en gran medida por el sustrato étnico y su correspondiente cosmología, el uso y explotación de recursos, la distribución territorial de la población, al este y oeste de la gran Cordillera, de modo que ese es el eje de sus rastrilladas más importantes. El antropólogo Álvaro Bello, citado por Pedro Cayuqueo señala que, “Un país mapuche que “poseía rutas de tránsito permanentes, conectadas a vados, pasos cordilleranos, y rastrilladas, que estaban perfectamente articuladas a puntos de descanso, aguadas, pasturas, aprovisionamiento, lugares controlados por un linaje o bien por alianzas de linajes”. Repito, nada menor. 
Hablamos de conectividad, desplazamientos, intercambio. En la era republicana quienes pusieron las fichas en el ferrocarril no tuvieron que cabecear mucho para elegir los trazados, las diferencias surgían generalmente por cuestiones de mezquindad política, beneficios de parcialidades. El término de la mayoría de sus ramales también tiene que ver con eso. El asunto de fondo es que el desarrollo de las comunidades está profundamente ligado a las facilidades de desplazamiento entre ellas, de todo orden de cosas, externa e internamente. Si hoy una de la actividades más importantes de un lugar es el turismo, las rutas de acceso expeditas para llegar y circular de la misma manera entre los diferentes sitios con recursos atractivos. 
EL ÁREA CHICA.
Eso, no ocurre en Pichilemu, largas esperas en la entrada de la ciudad, en las calles, camino de ida y regreso a Punta de Lobos y a la hora de abandonar la ciudad, otro tanto de tiempo que suma una gran pérdida que el burócrata no logra dimensionar. Quizás, un ejercicio que considere su período legal de vacaciones pueda servir a modo de ejemplo. Quince días hábiles, si todo anda bien. La ecuación del legislador dice que por cada veintiún días trabajados corresponde un día de vacación, esa es la base del cálculo, después vienen los días domingos, festivos, feriado progresivo y otras gabelas. Ahora, si pierdo en el día a día durante mí estada, alrededor de veinticuatro horas en tacos de tránsito, significa que el mal trabajo de autoridades, aspirantes y burócratas, que por muchos años no previeron el diseño y creación de infraestructura vial que permitiera el desplazamiento fluido, provoca una grave distorsión en el uso del tiempo de los huéspedes, tanto más, se dificulta en zonas de crecimiento comercial e inmobiliario con la construcción de lomos de toro y paso de cebra. 
Y que hay de la propuesta del turismo, de los sueños, experiencias… poco o nada. Si bien hace medio siglo la situación era aún más atrófica, dos grandes espacios ocupados por varias poblaciones y unidos por un estrecho cordón (Av. La Marina o Agustín Ross) que en su diseño original correspondería a los últimos cuatrocientos metros de la red ferroviaria, cuya estación y terminal de pasajeros estaría en la Población Ross. 
La siguiente comunicación se facilitó de una forma “sui géneris” (según un testimonio oficioso) a comienzos de la década del setenta con la intervención de la parte sur del bosque municipal para unir la calle Santa María con Santa Teresita, sorteando la caja del estero de la llamada Quebrada del Deslinde con sendos tubos y un terraplén. Lo especial tiene que ver con el modo, las obras como esas eran materia de mucha dilación y se cocinaban en el congreso, así, tras una enésima referencia del caso al guatón Pavón de vialidad, éste dijo, hay una manera de solucionar esto de una vez por todas y rápido, lo que tienes que hacer es ir con unos cuantos viejos en el camión y en el camino a Navidad tenemos de hace tiempo unos tubos grandes para una obra de arte de alcantarilla que no se ha podido efectuar, los echas arriba y nadie sabe ni te ha dicho nada. Y ahí está, habemus. 
De la Costanera y el nuevo Camino a Cáhuil se conocen más antecedentes sobre quiénes y cómo se ejecutaron, solo llamar la atención desde donde surge la propuesta, puesto que uno de los mentores ha sido invisibilizado, el profesional que realizó un estudio urbano de la comuna como parte de su proceso de titulación, Pablo Ayala Sanhueza, arquitecto de la Universidad de Chile. Expediente Urbano de la Comuna de Pichilemu (1972). 
Después vendría lo menos ortodoxo, llevarlos a cabo, en fin ya, están. Se consolidan. De paso por la Ruta de la Costa, recordar, que esta desde su origen partió como debería, con estudios de los trazados y todo (mucho tiempo y presupuesto), su dirección se torció a la altura de la comuna y no fue azar, era un momento oscuro en materia de probidad, los gatos de campo están en agosto. Una de las ideas que primaría era que debiera extenderse paralela al borde costero, entre quince y treinta kilómetros al interior y evitar el paso a través de lugares poblados. Pero los intereses inmobiliarios de los camaradas son más fuertes y unos corderos bien regados hacen lo suyo. Los estudios y proyectos se alteraron y en definitiva la carretera costera se metió al centro urbano del ya saturado Pichilemu y más allá, el puente que iba a cruzar el Nilahue en La Palmilla se plantó en la desembocadura del río, así, cero estudio del impacto ambiental que ya provoca y se evidencia, como el embancamiento y contaminación de las aguas de la marisma con el peligro inminente de un grave daño a la actividad icónica, como es la producción de sal de mar y a toda la actividad turística del caserío. 
Lo que viene, ¿Obedece a un plan? O a algo desarticulado en materia de conexión en este mare magnum de cuentas pequeñas, desidia e improvisación de última hora. Tal parece, que de aquí en adelante la máxima será la “abstinencia” de desplazamiento. No podremos disfrutar ni de las obras de ornato y calzadas peatonales, y no es el virus.

Central Rapel, accidentes laborales.

La revisión del periódico de Melipilla, El Labrador del año 1964, nos muestra que en enero se registró un deslizamiento de tierras en una de...