martes, 27 de abril de 2021

 

RUTAS ANCESTRALES: Desde el saber e ingeniería milenaria a la pulsión burócrata.

“Ha sido el empuje de los cazadores de antaño. De los pastores, de los caravaneros prehispánicos, de los arrieros de la Colonia y la República, tanto como el de los pobladores actuales…” (Introducción, Las Rutas del capricornio andino. Los Andes sin fronteras. Ángel Cabeza M. y Mario Vásquez M.).

En términos de eficacia en la conectividad de los espacios ocupados por los pobladores originarios, previo al contacto con la invasión conquistadora hispana, el imaginario colectivo retiene en su archivo en primerísimo lugar el icónico Qhapac Ñan, “Camino del Inca”, con el cual se refieren a la extensa red del Tahuantinsuyo, otorgándole su importancia en la expansión, asistencia, explotación y conservación del Imperio por alrededor de dos siglos. Y además, en su término.

Unos pocos siglos en la vida de los pueblos de existencia milenaria que precedieron la existencia Inca, los cuales habían desarrollado grandes avances en diferentes especialidades; cerámica, orfebrería, textiles, agricultura e irrigación, y caminos. Canales y caminos considerados como una de las más grandes obras de ingeniería de la humanidad. Nada menor.

 “Los Mochicas de Lambayeque han dejado en toda la parte llana de la costa, y aún a las faldas de los cerros, vestigios de una red de canales de irrigación y de tres caminos que corren en forma casi paralela unos a otros, de norte a sur;” (Oscar Waisse, Historia del Perú.). Misma afirmación comparten; Kosok, Ravines, Hyslop, Rodríguez Suy Suy, citados en “Un Camino Ceremonial Chimú”.

Varios especialistas coinciden en afirmar que la evidencia indica la prexistencia desde épocas tempranas de una red vial, especialmente en el norte, la que alcanzaría la Era Chavín, según Beck, quién encontró alrededor de 150 trechos preincaicos.

Asentamientos Wari en Piquillacta, Chillón, Pachacámac y Cañete construyeron importantes redes viales que los conectaban incluso con la Amazonía.

El concepto de los tres caminos paralelos con un eje de norte a sur, elaborado por los Moches es desarrollado a través de varios siglos y les permitió sortear la escarpada geografía y conectar sus posesiones con otros pueblos con los que mantienen relaciones de intercambio. Con la irrupción Inca este concepto es perfeccionado al punto que aún hoy nos asombra y entre el sur de Colombia, el centro sur de Chile, Bolivia, oeste de Brasil y el noroeste de Argentina, todavía existan algunos tramos en uso, como pudo verificar el mismo Beck (1979).

En nuestro “Mapocho Incaico” sobre el cual se fundó la actual ciudad de Santiago de Chile, según los resultados de las excavaciones del arqueólogo Rubén Stheberg y el historiador Gonzalo Sotomayor, cuyas conclusiones fueron publicadas en 2012, se indica que corresponden a un centro urbano, “desde el cual salían caminos Incaicos en distintas direcciones y cuya base de sustentación fue la hidro-agricultura y la minería de oro y plata”.

La extensión de la red vial Incaica en la zona centro-sur de nuestro territorio no fue una excepción al concepto de los tres ejes norte-sur, la historiografía nacional coincide sin contradicción en la existencia de los caminos; de la frontera, del medio y de la costa. La red ferroviaria y nuestra ruta 5 sur corre en gran medida por el antiguo camino de la frontera. El de la costa recibió bastante atención hace tres décadas, siendo el del medio el más rezagado. Hoy podría hasta ser de Perogrullo apuntar a que dadas las características geográficas del flaco territorio entre Los Andes y el Océano, lo que correspondía era exactamente lo que trazaron los ingenieros originarios hace más de cinco mil años, antes del presente. Lo que encontró el Inca recién en el siglo XV, una pega que estaba hecha.

Y, ¿CÓMO ANDAMOS EN CASA?

Nuestros antepasados que poblaron el territorio, tenían una concepción diferente, que proviene en gran medida por el sustrato étnico y su correspondiente cosmología, el uso y explotación de recursos, la distribución territorial de la población, al Este y Oeste de la gran Cordillera, de modo que ese es el eje de sus rastrilladas más importantes. El antropólogo Álvaro Bello, citado por Pedro Cayuqueo señala que, “Un país Mapuche que “poseía rutas de tránsito permanentes, conectadas a vados, pasos cordilleranos, y rastrilladas, que estaban perfectamente articuladas a puntos de descanso, aguadas, pasturas, aprovisionamiento, lugares controlados por un linaje o bien por alianzas de linajes”. Repito, nada menor. Hablamos de conectividad, desplazamientos, intercambio.

En la Era Republicana quienes pusieron las fichas en el ferrocarril no tuvieron que cabecear mucho para elegir los trazados, las diferencias surgían generalmente por cuestiones de mezquindad política, beneficios de parcialidades. El término de la mayoría de sus ramales también tiene que ver con eso.

El asunto de fondo es que el desarrollo de las comunidades está profundamente ligado a las facilidades de desplazamiento entre ellas, en todo orden de cosas, externa e internamente. Si hoy, una de las actividades más importantes de un lugar es el turismo, lo son también las rutas de acceso expeditas para llegar y circular entre los diferentes sitios con recursos atractivos.

El área chica.

Eso, no ocurre en Pichilemu, largas esperas en la entrada de la ciudad, en las calles, camino de ida y regreso a Punta de Lobos y a la hora de abandonar la ciudad, otro tanto de tiempo que suma una gran pérdida que el burócrata no logra dimensionar. Quizás, un ejercicio que considere su período legal de vacaciones pueda servir a modo de ejemplo. Quince días hábiles, si todo anda bien. La ecuación del legislador dice que por cada veintiún días trabajados corresponde un día de vacación, esa es la base del cálculo, después vienen los días domingos, festivos, feriado progresivo y otras gabelas. Ahora,  si pierdo en el día a día durante mí estada, alrededor de veinticuatro horas en tacos de tránsito, significa que el mal trabajo de autoridades, aspirantes y burócratas, que por muchos años no previeron el diseño y creación de infraestructura vial que permitiera el desplazamiento fluido, provoca una grave distorsión en el uso del tiempo de los huéspedes, tanto más, se dificulta en zonas de crecimiento comercial e inmobiliario con la construcción de lomos de toro y paso de cebra. Y que hay de la propuesta del turismo, de los sueños, experiencias… poco o nada.

Hace medio siglo la situación era aún más atrófica, dos grandes espacios ocupados por varias poblaciones y unidos por un estrecho cordón (Av. La Marina o Agustín Ross) que en su diseño original correspondería a los últimos cuatrocientos metros de la red ferroviaria, cuya estación y terminal de pasajeros estaría en la Población Ross.

La siguiente comunicación se facilitó de una forma “sui géneris” (según un testimonio oficioso) a comienzos de la década del setenta con la intervención de la parte sur del bosque municipal para unir la calle Santa María con Santa Teresita, sorteando la caja del estero de la llamada Quebrada del Deslinde con sendos tubos y un terraplén. Lo especial tiene que ver con el modo, las obras como esas eran materia de mucha dilación y se cocinaban en el congreso, así, tras una enésima referencia del caso al guatón Pavón de vialidad, éste  dijo, “hay una manera de solucionar esto de una vez por todas y rápido, lo que tienes que hacer es ir con unos cuantos viejos en la tolva y en el camino a Navidad tenemos de hace tiempo unos tubos grandes para una obra de arte de alcantarilla que no se ha podido efectuar, los echas arriba y nadie sabe ni te ha dicho nada”. Y ahí está, habemus.

De la Costanera y el nuevo Camino a Cáhuil se conocen más antecedentes sobre quiénes y cómo se ejecutaron, solo llamar la atención desde donde surge la propuesta, puesto que uno de los mentores  ha sido invisibilizado, el profesional que realizó un estudio urbano de la comuna como parte de su proceso de titulación, Pablo Ayala Sanhueza, arquitecto de la Universidad de Chile. Expediente Urbano de la Comuna de Pichilemu (1972). Después vendría lo menos ortodoxo, llevarlos a cabo, en fin, ya están. Se consolidan.

De paso por la Ruta de la Costa, recordar, que ésta desde su origen partió como debería, con estudios de los trazados y todo (mucho tiempo y presupuesto), su dirección se torció a la altura de la comuna y no fue azar, era un momento oscuro en materia de probidad, los gatos de campo están en agosto.

Una de las ideas que primaría era que debiera extenderse paralela al borde costero, entre quince y treinta kilómetros al interior y evitar el paso a través de lugares poblados. Pero los intereses inmobiliarios de los camaradas son más fuertes y unos corderos bien regados hacen lo suyo. Los estudios y proyectos se alteraron y en definitiva la carretera costera se metió al centro urbano del ya saturado Pichilemu y más allá, el puente que iba a cruzar el Nilahue en La Palmilla se plantó en la desembocadura del río, así, cero estudio del impacto ambiental que ya provoca y se evidencia, como el embancamiento y contaminación de las aguas de la marisma con el peligro inminente de un grave daño a la actividad icónica, como es la producción de sal de mar y a toda la actividad turística del caserío.

Lo que viene, ¿Obedece a un plan?

O algo desarticulado en materia de conexión en este mare magnum de cuentas pequeñas, desidia e improvisación de última hora. Tal parece, que de aquí en adelante la máxima será la “abstinencia” de desplazamiento. No podremos ni disfrutar de las obras de ornato y calzadas peatonales, y no es el virus.

 

 

domingo, 25 de abril de 2021


 AMAZONAS DE PANILONCO

Apuestas amazonas posan frente a la fachada principal del edificio de las "APUESTAS", en el Pichilemu del 32. La imagen fue compartida por María José Cisternas, nieta de María Esther Arriagada Clark. Publicada en El Mercurio, abril de 2021.

Ma. Esther es la segunda de izquierda a derecha, le acompañan, Marta Arriagada, Mercedes Vargas Vargas, Elisa Arriagada, una amiga no identificada y Luz Arriagada Clark.

La ruta de las joquetas nos retrotrae al remoto Panilonco vinculado a sus raíces de familia.

Muchas veces o en varios lugares el topónimo con raíz mapuche de un espacio corresponde al nombre propio  del lonko  que regía el territorio en la época de contacto con la invasión conquistadora hispana, y que el término tiene origen en el nombre del sujeto . El significado de Panilonco, pani = león y lonko= cabeza, sería Cabeza de León. 

No se han encontrado, hasta ahora, referencias documentales de la existencia de un rehue originario en el área. Las Encomiendas más próximas son; al norte Topocalma, al oriente, Lihueimo y al sur, Vichuquén, Al poniente se encuentra el océano.

Tampoco se conocen hallazgos de restos arqueológicos, excepto un testimonio no confirmado, en orden a la existencia de una "piedra con tacitas" en una quebrada del lado sur de Panilonco.

Dicho esto, nos resta partir con uno de los primeros sujetos propietario en la comarca, el capitán Lorenzo Núñez de Silva, quien recibió numerosas Mercedes de tierras en la zona entre el río Rapel y Nilahue, donde estaban comprendido, Panilonco, Petrel, Mallermo, Pailimo, Cocauquén, Tanumé, Hidango,Topocalma, Pucalán y otros.

Don Lorenzo Núñez era casado en primeras nupcias con doña Catalina Verdugo de Sarriá González Gómez de la Corte. Hija de este matrimonio, doña Leonor Verdugo Núñez de Silva y casada con don Lorenzo Moraga Pérez de Valenzuela.

Para llegar a ellos haremos una intrincada ruta desde nuestra Amazona con sus 21 primaveras a la que probablemente pude tener oportunidad de divisar alguna vez, dado que recuerdo al menos tres distinguidas mujeres de dicha familia, la una, la abuela María Arriagada y un trío de nietas, quienes verano a verano se establecían en su casa de Dionisio Acevedo con Federico Errázuriz.

 

María Esther Arriagada Clark nació en 1911, hija de Julio Arriagada Arriagada (N. 28-11-1886) y Marta Clark Vargas.  Julio Arriagada Arriagada era hijo de Víctor Arriagada Herrera (N. 17-6-1853) y fue casado en 1* Nupcias con Fermosina Arriagada Dávila y en 2* Nupcias con Vitalia Léliva Markmann.

Víctor Arriagada Herrera era hijo de Francisco Matías Segundo de la Arriagada y Argomedo (1808-1872) y Mercedes de Herrera y Molina.

Francisco Matías Segundo de la Arriagada Argomedo era hijo de Félix José de la Arriagada y Maturana y María Mercedes Argomedo Montero.

Félix José de la Arriagada y Maturana era hijo de Nicolás de la Arriagada y Rojas y María Magdalena Maturana Hernández del Pulgar. Y María Mercedes Argomedo Montero era Hija de Tomás Argomedo de los Reyes e Isabel Montero del Águila Valenzuela. (2* Nupcias). Isabel Montero del Águila Valenzuela era hija de Juan Montero del Águila Encomendero y María Petronila Valenzuela Navarro. (Tomás e Isabel son los padres de José Gregorio Montero del Águila, secretario de la primera junta de gobierno de 1810).

Doña María Petronila Valenzuela Navarro era hija de Francisco Valenzuela y Valiente de Elosú (1684), hijo de Pedro Pérez de Valenzuela Aranda Valdivia, hijo de Francisco Pérez de Valenzuela Moraga y María de Aranda Valdivia y Salazar la Reinaga.

Francisco Pérez de Valenzuela Moraga (1584) es hijo de Francisco Pérez de Valenzuela y Buisa y Mencía de Moraga y Galindo y Ribera (1562).

Francisco Pérez de Valenzuela y Buisa era hijo de Francisco Pérez de Valenzuela y López (1528), nacido en Andujar, España, hijo de Alonso Pérez de Valenzuela y Juana López.

Mencía de Moraga Galindo y Ribera

Eran padres de Lorenzo de Moraga Pérez de Valenzuela (El Emplazado, 1597-1647-9) casado con Leonor Verdugo Núñez de Fonseca de Silva. Doña Leonor era hija de Lorenzo Núñez de Fonseca y Silva y de doña Catalina Verdugo de Sarria González Gómez de la Corte, la que fue dotada por sus padres con $15.565.-, donde se encuentran comprendidas grandes extensiones de tierras en el área actual de Pailimo, Cocauquén, Panilonco, Centinela. Todas estas estancias provienen de las 14.100 cuadras que el capitán Núñez de Silva reunió en su poder y obtenidas por medio de cinco Mercedes de Tierras y otros 10 títulos por compra.

Tal es la ruta genealógica de las amazonas de Panilonco, la que he estructurado en base a los datos de sitios especializados de la Web como; Geni.com, Myheritage.es, Genealogíachilenaenred.cl, Genealog.cl Mauricio Pilleux Cepeda y otros. Así también, algunas publicaciones como; Familias fundadoras de Chile de Julio Retamal, Carlos Celis y Juan G. Muñoz Correa, y El Origen de la Propiedad Rural en Colchagua de Carlos Celis Atria.

 

 

 

 

lunes, 5 de abril de 2021

BALSEO EN CÁHUIL


 En la década del setenta el río Nilahue es el límite entre las Provincias de Colchagua y Curicó, la conectividad es precaria, un par de vados a la altura de El Bronce y La Palmilla, y a través del arenal de La Boca. No siempre transitables. Vialidad implementa una balsa propulsada por un "balsero" cuyos brazos, vitalidad y siempre buena disposición permitieron cruzar el río a innumerables vehículos.

Esta fotografía muestra a un funcionario del MOP y al alcalde de la época en que se inició la construcción dela  bizarra BALSA DE CÁHUIL.



Alberto Guajardo, balsero a "puro ñeque", gran personaje en su nave y en tierra.

MANUEL ROJAS


 Fragmento de una bella poesía del premio nacional de literatura Manuel Rojas dedicada a su esposa y madre de sus hijos. Fue musicalizado por Ángel Parra, incluido en un LP titulado, "Chile de arriba a abajo".

viernes, 2 de abril de 2021

PICHILEMU Y EL ORIGEN DE SU POBLACIÓN.

 

EN TORNO AL PLANO DEL FUNDO DE LA SUCESIÓN GAETE.

El Océano y la defensa  del territorio se demandan con mayor fuerza desde el nacimiento de la república, por ello varias de las autoridades manifestaron interés en formar una flota, crear y dotar de una infraestructura portuaria capaz de atender, tanto las necesidades militares como las del aumento del comercio. En ese sentido se manifestaron; O”Higinns, Bulnes, Montt y durante el último tercio del siglo XIX, don Aníbal Pinto, quien mediante un decreto supremo comisionó al hidrógrafo de la Armada, Francisco Vidal Gormaz para realizar un estudio del litoral entre la Caleta de Tumán y la boca del río Mataquito, zona intermedia entre los puertos existentes de Valparaíso y Talcahuano, con el fin de efectuar un reconocimiento y levantar planos de la costa para construir un puerto y astilleros en el lugar más apto. Decreto de 30 de agosto de 1872. Practicada la exploración, el informe de Vidal Gormaz concluye que el lugar que reúne mejores condiciones, sin ser óptimo es la Rada de Pichilemo (sic).

Por aquella década se vive en el país una fuerte expansión económica como consecuencia del término de la guerra del salitre, de modo que importantes operadores comerciales impulsan la creación de la infraestructura portuaria y ferroviaria para conectar la principal fuente productora agrícola y ganadera de la zona centro sur con los mercados abiertos en el norte con la incorporación de territorios y sus recursos adquiridos durante la mencionada guerra.

Así es que en 1885 se reanuda el estudio de la costa en un tramo más acotado entre Panilonco y Punta Sirena. Dado que, en una docena de años, las variaciones del borde costero son mínimas y el encargado del estudio es el mismo Francisco Vidal Gormaz, las conclusiones tampoco sufrirían alteraciones. El lugar indicado será induvitablemente, Pichilemu.

Atento a las oportunidades de negocio que necesariamente se crearán con la construcción de un puerto, el hacendado Daniel Ortúzar Cuevas adquirió 22 cuadras de terrenos en la precisa área donde se recomienda construir, la compra (1884) se trata de derechos sobre una propiedad indivisa del dominio de la Sucesión de Laureano Gaete y doña Ninfa Vargas, abuelos de la vendedora, doña Jacoba Gaete de Morales. Don Daniel se precipitó a ocupar el área, obtuvo licencia para construir un muelle particular y le dio inicio, al punto que el funcionario de la Armada lo encontró en una avanzada etapa de realización en su segunda visita (1885).

También para entonces (1885), otro importante hombre de negocios, Agustín Ross Edwards, adquiere una extensa propiedad en el área de alrededor de 380 hectáreas, en el deslinde sur poniente del fundo de la Sucesión Gaete Vargas. Ross está convencido que la conectividad será eficazmente posible al desarrollar las instalaciones portuarias junto con el ferrocarril y para impulsar la toma de decisiones de las autoridades, ordenó bajo su costo la confección de estudios y proyectos para ambas obras.

Estos proyectos y el comienzo de la ejecución del Muelle Ortúzar es la causa del surgimiento del interés por poblar la comarca que en dicha época no sobrepasaba de media docena de casas y otras tantas chozas de construcción ligera y techo de paja. El poblado más importante de la comarca es Ciruelos, ubicado a unos 15 kilómetros al sur oriente de la rada de Pichilemo (sic). El señor Ortúzar es quien lotea e inicia una vertiginosa venta de terrenos en la superficie que ocupa, aún indivisa. En el proceso de partición judicial de los herederos del matrimonio Gaete Vargas, se presentaron múltiples objeciones, algunas de ellas sin resolver hasta ahora.  

Tengo entendido que hoy existe una causa abierta que cuestiona la dicha partición hereditaria por parte de un señor que dice ser descendiente de aquella familia, lo que mantiene una controversia, que hace a este Plano digno de interés y de cuidado en su conservación.

El Plano de la Hijuelación del que nos ocupamos es el resultado de la proposición del juez compromisario señor, Manuel  Merino Rencoret hecha en 1897. Y es en la práctica el que a grandes rasgos define la actual planta urbana fundacional de la ciudad de Pichilemu. Hasta hoy no ha sido posible encontrar el original de dicho plano y verificar su autenticidad y si fue protocolizado por el Conservador de Bienes Raíces. Varios inscripciones de las ventas realizadas por el señor Ortúzar indican que corresponden a una inscripción inexistente, incluso una resolución de año 1921 faculta al señor Ortúzar a realizar la inscripción en el Conservador de la propiedad comprada en 1884, operación que tampoco ha sido verificada.

El ejemplar en cuestión, según reza un texto; “Copia Conforme al Original  (Levantado por el Ingeniero que suscribe) Santiago, agosto 19-1887. (Firmado.-  F. Michon. Además otra que indica, “COPIA fiel del original. Dib. O. Menchaca Santiago Set./ 911.-”

Un


otro factor decisivo que impulsó el desarrollo urbano es el proceso de reformulación de la División Política Administrativa que se venía discutiendo con mucha fuerza en el parlamento durante el gobierno de José Manuel Balmaceda. Tras su derrocamiento el gobierno de facto, encabezado por Jorge Montt  implementó el proyecto aprobado en 1890 por la comisión mixta del congreso. Manuel José Irarrázaval miembro de dicha comisión, funge como Ministro del Interior y a él le corresponde poner en marcha,  la que se denominó ley de la comuna autónoma, de 1891, creando 195 comunas en todo el territorio. Una de esas comunas es Pichilemu y su cabecera administrativa será el distrito Uno Ciruelos, en el área donde se encuentran las obras del muelle y otras instalaciones previstas. Se desplaza el núcleo poblacional desde el caserío de Ciruelos hacia los terrenos loteados en el área adyacente al muelle debido al alto interés por el potencial económico de tan vasta obra, a la sazón en vías de reconstrucción. Los nuevos colonos provienen de los numerosos caseríos de la comuna y de otras comunas de la provincia de Colchagua.

Central Rapel, accidentes laborales.

La revisión del periódico de Melipilla, El Labrador del año 1964, nos muestra que en enero se registró un deslizamiento de tierras en una de...