sábado, 25 de noviembre de 2023

LA CULTURA EN PUNTA DE LOBOS

CULTURA EN PUNTA DE LOBOS. Abordar este fenómeno en este sitio es referirnos a la presencia de seres humanos interactuando con el medio NATURAL; su geomorfología y los recursos que han permitido la ocupación del espacio a través de unos miles de años. Indispensables por cierto, la disposición de abundantes fuentes de agua para la bebida, fauna, peces, mariscos, algas y otros, todos hacen que este medio sea apto para el asentamiento humano de grupos de cazadores y recolectores en un extenso territorio. Nos hablan los escasos restos arqueológicos que la ciencia ha logrado rescatar y analizar. Mediante el auxilio de sus trabajos y estudios hemos podido ir conociendo algunos de sus artefactos, herramientas y también sus restos de cocina, ellos nos informan de los alimentos que componían su dieta. Y acaso, las piedras también muestran posibles señales de sus creencias y rituales. Los sitios arqueológicos hallados en esta área se reconocen como “conchales” y se ubican en las terrazas marinas, cuyas superficies cubiertas por formaciones de dunas en los niveles más bajos de las playas extensas y abiertas, al sur y norte de la “Puntilla de los lobos” y en la caleta rocosa, “Los Piures”, “con una altura promedio de 6 a 7 metros S.N.M. y cuya edad no es superior a 2000 años”. Entre sus utensilios a veces se encuentran vestigios de cerámica utilitaria, indicios de incipiente actividad agrícola y/o intercambio. Una terraza más alta y más antigua que se ubica entre 15 y 35 metros S.N.M. En estos yacimientos es donde ha trabajado el arqueólogo Julio Montané, Ricardo Larraín, Virgilio Schiappacasse, en los años 1951-1956 y 1960, han estimado su formación entre 2000 y 6000 años. El detalle de los hallazgos y conclusiones se encuentran en; Fechamientos tentativos de la ocupaciones humanas en dos terrazas a lo largo del litoral chileno, publicado en 1964 y en Restos precerámicos de Cáhuil. En las Notas del Museo de La Serena. N* 8 de1960. El material recolectado por Montané se encuentra en los gabinetes y bodegas del Museo Arqueológico de Viña del Mar y Museo Arqueológico de La Serena. Hallazgos más recientes, Gaete en 2003, de ocupaciones en las terrazas altas de la desembocadura del río Nilahue, fechadas por carbono 14 en 9700 años Antes del Presente y cuyas piezas se encuentran en el Museo Regional de Rancagua del Consejo MMNN. Más de una docena de sitios arqueológicos han sido descubiertos en el vasto territorio de la comuna, la mayoría insuficientemente estudiados y disturbados, de modo que resulta casi imposible lograr un mejor conocimiento para entender las culturas aborígenes que nos han antecedido. Intentamos una recreación según algunos patrones generales. Las bandas de pobladores pre-agro alfareros están compuestos por miembros vinculados básicamente por parentesco y amistad, en grupos de alrededor de un par de docenas de individuos, como promedio. Competían y luchaban entre sí con los clanes vecinos por los recursos y los espacios, pero también tenían contactos amistosos. Intercambiaban miembros, cazaban juntos, intercambian objetos raros, establecen alianzas, a veces estrechas con lazos de sujeción tribal, comparten un lenguaje, mitos, supersticiones, normas y valores comunes. La densidad de las capas de restos indican que las ocupaciones son estacionales y que los miembros de la horda se desplazaban permanentemente en busca de comidas, dados los ciclos cambiantes del clima y de la reproducción de plantas y frutos silvestres. Pasarán mucho tiempo deambulando de un lado a otro del mundo conocido, haciendo gala de un cúmulo de saberes y destrezas de sobrevivencia, durante varios milenios. INVASIONES CONQUISTADORAS. Durante la época de contacto con las invasiones de conquistadores incas en el siglo quince e hispanos en el siglo dieciséis, los aborígenes costinos en las tierras de Petel tienen vínculos de sujeción con pobladores del interior, en el valle central, y con los del norte, río Rapel, según la literatura colonial. “Entre Rapel y Ligueymo en la costa llamadas Petel”, merced en 1607 al capitán Tomás Duran. En el Distrito de Ligueymo y Rapel que corren de la Laguna Grande a la Laguna de Petel, merced en 1609 a Juan Francisco de Acevedo. La posesión de estas tierras fue hecha por el capitán Lorenzo Núñez de Silva, también propietario en el área de numerosas tierras adquiridas tanto por Merced como por compras. A mitad del siglo dieciocho, la Costa de Petel, hasta el río Nilague se encuentra fragmentada en un mosaico de propiedades rústicas, las que fue preciso Mensurar para reestablecer su cabida a los deslindes señalados en los documentos respectivos. Se comisionó al agrimensor general del Partido de Colchagua, don Andrés de Escudero llevar a cabo la mensura de al menos, media docena de predios. Cuyos dueños son; Felipe Pardo, José Lezana, Francisco González, Juan Catalán, Nicolás Arraño, Bernardo Poblete, y otro… Cabe señalar que en total, estos propietarios habían incorporado y gozado alrededor de 600 cuadras extras a sus pertenencias. Hacia finales de la era colonial y comienzos de la era republicana, la mayoría de los predios continúan subdividiéndose por particiones hereditarias. Dado el escaso valor agrícola, no existe mayor interés económico por estas tierras. Solo en el último cuarto del siglo diecinueve y comienzos del veinte, se vuelca la atención y foco a la zona del litoral entre el Estero de Petrel, Estero de Nilague y Punta La Sirena. Se debe al interés del Estado para erigir un gran puerto en el punto más apto de la costa intermedia entre Valparaíso y Talcahuano. Empresarios portuarios, inmobiliarios, financistas, adquieren propiedades en los probables lugares donde construirían el puerto, y más aún, obtienen decretos supremos para iniciar la construcción de muelles particulares; don Daniel Ortúzar en Pichilemu, don Antonio Cornisch en La Sirena. Ortúzar, inició la construcción de su muelle en la Rada de Pichilemu y fue declarado oficialmente como puerto menor en 1887. En tanto el señor Cornisch vendió sus derechos a los Hermanos Serdio, operadores del puerto de Matanzas. Mención aparte merece la adquisición de don Agustín Ross de numerosos retazos de tierras y salinas con los cuales formó el Fundo Millaco, y el patrocinio de un estudio de trazado ferroviario que bordeando el Estero de Nilague se habría paso al puerto a través de Cáhuil, Punta de Lobos y Catrianca. A la altura de Punta de Lobos se consultaba un túnel para evadir los campos de dunas. Tras la destrucción del muelle de Ortúzar en 1891, su madre adquirió un paño de la Puntilla de los Lobos, donde se encuentra la Caleta Los Piures, considerada también con algunas condiciones para levantar un muelle. Este es el terreno que heredaron los descendientes de doña Irene Cuevas de Ortúzar y que adquiere el Convento de La Merced. MERCEDARIOS EN PUNTA DE LOBOS. La Orden Mercedaria adquirió la propiedad de un terreno en el lugar denominado, “Los Lobos”, según reza el documento de inscripción de 19-5-1920 del Conservador de Bienes Raíces de San Fernando, inscripción N* 566 fojas 202. “Con el objeto de establecer en el terreno una casa para el uso de la Comunidad…”. La compraventa tuvo lugar en Santiago el 8-1-1920, la Orden mercedaria es representada por el Superior y Rector, Fr. Ramón Romero A. Los vendedores son; don Daniel, doña Cornelia y doña Rosa Ortúzar Cuevas. Los deslindes del terreno son: al norte y poniente con el mar y al sur y oriente con terrenos de don Francisco Vargas G. Este terreno en “Puntilla de Los Lobos”, había sido adquirido por doña Irene Cuevas Avaria vda. de Ortúzar en 1901 a don Francisco Vargas González. Soledad Díaz de los Reyes, actual encargada del Archivo y Biblioteca Mercedaria, ante la solicitud de definir el carácter de la mencionada casa, indica que; “Puedo confirmarte con absoluta seguridad que la denominación correcta que la Orden mantuvo en Punta de Lobos es “Casa de Veraneo”. Esta casa fue iniciativa del sacerdote mercedario Carlos Infante con el objetivo de disponer de un lugar en que los estudiantes y los frailes tuvieran un lugar para disfrutar el verano”. De modo que las denominaciones, Convento, Monasterio u otros, son inapropiados. Nunca cumplieron aquella funcionalidad. El quehacer e instalaciones de la casa de veraneo es descrita con maestría por el novicio mercedario Mario Noceti Zerega en su libro titulado, “Pinceladas Pichileminas” de año 2000. Existen también una docena de fotografías que registran e ilustran algunas actividades de la Comunidad. El bucólico pasar de los mercedarios en Punta de Lobos se experimentó por casi medio siglo, alterado solamente por algunos naufragios. Durante la década del 70, la paz del lugar fue disturbada con la apertura del camino de acceso a la casa como ramal del nuevo camino a Cáhuil. La llegada masiva de visitantes a las acogedoras playas del sector, determinó a la Orden a enajenar la propiedad. El nuevo comprador fue el señor Gilberto Quiroga, colchaguino residente en Argentina, quien no prestó atención al cuidado y mantención del inmueble, produciéndose un rápido deterioro. Posteriormente, él vendió al comerciante de Peralillo Froilán Araya. Como en los ochenta, él vendería gran parte del terreno al señor Diego Soto, chileno residente en Canada, y éste a su vez vendió al ciudadano francés Jean Robert Pistone en 1993. Desde Pistone a la fecha, la evolución de esta parte de la propiedad es más conocida. Aparte de ésta, la Orden fungía con otro paño al lado de la Laguna del Lobo en la cual disponían de un bote de paseo a remos, del que se conserva un registro fotográfico. El uso estival de la laguna y la propiedad aledaña de los curas provocó el cambio de nombre de ésta por, Laguna del Cura o de Los Curas, como se conoce hoy día. La apertura del camino de Pichilemu a Cáhuil en la década del 70 provocó un cambio enorme en toda el área sur de la comuna en muchos aspectos y las consecuencias trascienden positivamente en el desarrollo de toda la comunidad. Hasta el 70 el camino llegaba al sector conocido como Rancho Pinares y hasta Punta de Lobos se llegaba a pie o en carreta por la playa. También se accedía por el camino de La Lomilla hasta la propiedad del fundo Santo Domingo de José Domingo Fuenzalida y por caminos internos se podía cruzar quebradas y arenales en carreta para llegar a Los Lobos, residencia de vacaciones de los Mercedarios. El nuevo camino trajo una multitud de turistas y los mareros afincados en sus rucos se atrevieron a prestar servicios de comida y bebida en sus precarias ramadas, mientras tanto, esta afluencia ahuyentó a los curas y también a la población de los lobos marinos. UNA NUEVA ERA. Según testimonio de un lugareño, Don Galvita, un día llegó una figura impresionante, diabólica, extraterrestre o el mismísimo Jesucristo corriendo sobre las aguas, algo nunca visto. Otro lugareño del pueblo, Carlos Muñoz Guajardo, asegura haber acompañado en cabrita hasta Punta de Lobos al gringo californiano Robert, quien informado en Sacramento por un par de chilenos oriundos de Rengo, que en la costa de Pichilemu existían grandes olas aptas para surfear. Este solitario corredor se aventuró con sus implementos y llegó a finales del 71 a estas playas para verificar la recomendación. He buscado y conversado con una veintena de personajes pichileminos que indican haber visto, conocido, albergado en su hotel y casa… La mayoría de ellos concuerdan en las descripciones del sujeto. Existe un registro fotográfico de él junto a un par de los hermanos Sánchez Moreno, en tenidas de calle, afuera de su casa. Se espera obtener más evidencia para establecer cuanta verdad o mito hay tras este relato. Más elocuente y documentada, sin lugar a dudas, es la llegada de la tribu compuesta por Álvaro Abarca, Miguel Mandry, Patrick Irarrázaval y Carlos Donaire. Un día del año 82, luego de no lograr verificar una ola indicada en la playa de Bucalemu, prosiguen camino hacia el norte y conocen Punta de Lobos el que tampoco ese día mostró sus cualidades. Luego de almorzar en Playa Hermosa se dirigen a la Puntilla y esa tarde el mar había variado permitiendo correr las espumas por un largo trecho. Día siguiente de vuelta a explorar las condiciones de las olas de Punta de Lobos y correrlas. Eso bastó para volver cada fin de semana desde su base en la quinta región para experimentar las bondades del Diamante junto a la mayoría de los camaradas surfistas de la quinta región. Con la divulgación a través de los medios de la época se dio inicio a un fenómeno que se desarrolla cada vez, más y más, y cuyo hito más alto es haber sido sede de los Juegos Panamericanos 2023. Hoy se vive en Punta Lobos la cultura del surf, tras el desarrollo no imaginado del fenómeno instalado hace cuatro décadas por la práctica deportiva. Un salto cualitativo pero muy complejo de regular para mantener las condiciones naturales del hábitat que hace posible su razón de ser.

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