Difundir historia y actividades culturales relevantes de la comarca Cáhuil-Pichilemu, Sexta región.
jueves, 27 de junio de 2024
JORQUERA VARGAS. Los fundadores de LAS VIUDAS.
LAS VIUDAS, Pueblo de las 7 Viudas, PUEBLO DE VIUDAS.
ORÍGENES.
El territorio y la ocupación humana.
El caserío “Pueblo de Viudas”, se encuentra ubicado en 34*24’ de Latitud sur y 72*00’ de Longitud oeste, a una distancia de 2 kilómetros al sur de Pichilemu, Sexta Región. Según el “Listado de nombres geográficos” del Instituto Geográfico Militar. Edición 1984.
El origen del nombre de este poblado se encuentra en la tradición oral y la leyenda. Se trataría de un asentamiento en terrenos donados por el Estado a 7 viudas de soldados fallecidos durante una guerra. No está claro cuál guerra. Las señaladas serían; la del 79 y la guerra civil del 91.
Sobre los caseríos existentes, sabemos que desde la segunda mitad del siglo 18 se origina un polo urbano en los márgenes de un antiguo camino colonial, en Ciruelos, cabecera de la Diputación de Cáhuil y en 1891 se encuentra aún en el máximo apogeo como sede política administrativa de la Subdelegación 13 de Cáhuil. Hacia el sur oeste el caserío mismo de Cáhuil y al noroeste el paraje de Petrel. A la sazón, todos con escasas viviendas, constreñido el desarrollo urbano por la concentración del suelo en una veintena de propietarios, muchos de ellos producto de la subdivisión hereditaria. Un levantamiento de la planta urbana de Ciruelos en 1989 realizada por el arquitecto e historiador, el S.B. Gabriel Guarda, muestra el imperturbable caserío por más de 200 años.
Algo muy similar ocurre con el caserío de Cáhuil, salvo el explosivo desarrollo inmobiliario a partir de la década del setenta con la conexión vial de un camino costero desde Pichilemu y la puesta en marcha de una Balsa que permite conectar la provincia de Colchagua con la provincia de Curicó. Obras claves para el desarrollo económico y social en este rincón de tierra deprimido por el centralismo.
A finales del siglo XIX, en Petrel, costa del distrito 1 Ciruelos, se encuentra en ciernes una pujante demanda de terrenos por las prometedoras expectativas comerciales en torno del Puerto y su reconstrucción, además de dos grandes proyectos urbanísticos, Población Santa Irene y Población Ross.
Aún, “Las Viudas” es un retazo rústico de tierras poblado por la descendencia del matrimonio Jorquera Vargas, también con escasas viviendas y pobladores dispersos en ambos lados del camino del Puerto a Ciruelos y Cáhuil. No se encuentran menciones en la literatura oficial ni en la cartografía.
De las guerras, don José Arraño Acevedo nos refiere a la guerra del 91, como consigna en “Pichilemu y sus alrededores turísticos”, 1999. Pueblo de las 7 viudas. PUEBLO DE VIUDAS que debe su nombre a las mujeres que asumieron en soledad la crianza de sus hijos a consecuencia que sus hombres y/o parejas que sacrificaron sus propias vidas en la guerra civil de 1891.
En tanto que para Álvaro Álvarez en “Ciruelos. El pueblo de una calle larga”. 2021. Éste, refiere el caso durante la guerra del 79. Recogiendo un relato de leyenda, dice que, “en un lugarejo camino a Pichilemu existían siete casas, de las cuales fueron obligados los hombres de estas a marchar a la guerra del Pacífico. De ellos, ninguno volvería, dejando siete viudas, las que darán origen al Pueblo de las siete Viudas”. No obstante, anteriormente dice, “podemos afirmar que la guerra del Pacífico, no afectó de gran manera la forma de vida de los campesinos y habitantes de la Subdelegación”.
En cita de un comunicado enviado por el encargado de enrolar soldados para el batallón de San Fernando da cuenta que logró solo un voluntario y que “se han ocultado todos y dejado sus trabajos”, evitando el reclutamiento y las contribuciones para la guerra. Para ello se refugian en las numerosas quebradas de la costa.
Cabe recordar que durante la guerra civil de 1891, don José Domingo Fuenzalida, propietario de varios terrenos en la comarca, lideró junto al cura Lisboa, a un grupo de colchaguinos que se embarcaron en el Maipo en el muelle de Daniel Ortúzar. Ocurrido esto, las tropas del ejército fueron enviadas a la costa con el propósito de destruir el muelle y reclutar soldados, ocasión para que nuevamente los lugareños tomaran la decisión de huir hacia las quebradas.
No se conoce la identidad y la suerte de los milicianos embarcados o de aquellos que fueran forzosamente enganchados. Una Búsqueda en los archivos del Ministerio de Guerra de la época, no arrojó resultados sobre sus nombres, tampoco sobre viudas beneficiarias de pensiones de gracia o donaciones de terrenos en el área en cuestión.
Por aquellos años, la propiedad rural se encontraba consolidada y en cuanto al suelo de “Las Viudas”, la propietaria de mayor importancia es doña Mercedes Vargas, la que es sindicada como dueña del área, desde antes de 1844. Según documento de compraventa. En el volumen 219 del Fondo Intendencia de Colchagua, Archivo Nacional, un catastro de los fundos rústicos de la Subdelegación trece de Colchagua indica la existencia de 167 minifundios, entre ellos el predio de la señora Mercedes Vargas con una superficie aproximada de treinta cuadras, en un rango de cinco a cuarenta y dos cuadras. (En Ciruelos. El pueblo de calle larga, de Álvaro Álvarez Pérez, página 77).
El Plano de la Hijuelación del Fundo Pichilemu de la Sucesión Gaete de 1898, nos muestra en su límite oriente la pertenencia de doña Mercedes Vargas viuda de Jorquera, y al sur de ésta, don José Domingo Fuenzalida, al norte don Pedro Pavéz Polanco.
Mercedes Vargas, casada con Nicasio Jorquera tuvieron once hijos que los heredaron, de ellos, Isabel vendió en 1915 un retazo de terreno de alrededor de ¼ de cuadra, “a doce cuadras del pueblo de Pichilemu hacia los Ciruelos y cuyos deslindes son por el oriente con el camino público a Ciruelos”.
En cuanto al quehacer del municipio, desde su creación hasta la segunda mitad de 1918, no hay mención del caserío. En 15 de agosto al determinar el número y lugares para otorgar patentes de expendio de alcohol, figura disponible una “en el lugar de Las Viudas”. Misma mención en los años 1921 y 1924. Actas de la Ilustre Municipalidad de Pichilemu, editadas por Diego Grez C. 1894-1973.
Por el año 1921, tres transacciones de terrenos lo indicarán como el “lugar llamado Las Viudas” y “en el Pueblo de las Viudas”. Estos son los primeros documentos que hacen referencia al caserío con la denominación, “Las Viudas”.
En cuanto a la cartografía oficial, podemos indicar que los planos elaborados por el capitán Vidal Gormáz en 1872 y 1885, el área es señalada como terrenos no estudiados, luego de contar con los planos de las grandes haciendas vecinas; San Antonio de Petrel, El Puesto, San Miguel de las Palmas. El área en cuestión nunca fue una gran hacienda y el enorme mozaico de pequeñas y medianas suertes de tierras carecía de planos. Y nunca formó parte de una gran propiedad.
En las llamadas Planchetas del Instituto Geográfico Militar del año 1923, levantado por el topógrafo, Leopoldo Lazcano, es donde encontramos el topónimo “Las Viudas”, por primera vez.
Mito, leyenda, ficción y un poco de realidad para el folcklore urbano: También se dice que las siete viudas, no lo eran en aquel tiempo, aunque vestían riguroso luto luego de convenir la estratagema para proteger y justificar la ausencia de sus maridos, quienes habían huido a las quebradas para evitar ir al frente de guerra. Dicen…
El ingenio empleado por aquellas mujeres habría provocado que el apelativo con su carga de sarcasmo (1) El sarcasmo es una forma de burlarse con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. “Las Viudas”. Así se popularizó el topónimo en la comarca, perdurando con algunas modificaciones hasta hoy.
Cabe señalar que el territorio contiguo al sur de la antigua posesión de doña Mercedes Vargas, se les ha denominado con más de un nombre y gentilicio como; “Los Godos”, “Rosales”, Calderones”, “Rosedal”, “El Rosal”, “Lo Calderón”, “Las Comillas”, “Buenos Aires”…
Pueblo de Viudas en el presente se encuentra dentro de los límites urbanos de la comuna y densamente poblado, exhibiendo un dinámico sector comercial.
En la dramaturgia existe un guiño que tal vez tiene que ver con la leyenda de “El pueblo de las siete viudas”.
Sus maridos, se escaparon para no ser llevados al enfrentamiento y los soldados, quienes intentan descubrir su paradero, ocupan militarmente su pueblo y las violentan para hacerlas hablar. El montaje tomado íntegramente de "El pueblo de las siete viudas", creado en el taller de Dramaturgia de Juan Radrigán, con el Colectivo La Matriz, es una mirada confusa sobre la historia, en la cual estas mujeres luchan contra sus recuerdos. Testimonios que hablan de la dignidad, el dolor, la rabia y la soledad vistos con ojos de mujer, quienes a través de su rito (juntarse todos los domingos) añoran al viento, testigo único de su eterna espera, a transformarse en eco de sus relatos para que nunca más se repita su historia.
La puesta en escena desarrollada bajo el sello característico del conocido director nacional Rodrigo Pérez, quien se destaca por plasmar la intensidad de nuestras raíces; evoca voces de mujeres que en conjunto con todos los elementos, se convierten en instrumentos de la musicalidad del horror de este relato. Silencios, gestos y mínimos movimientos, propios de lo femenino, se articulan en una reflexión descarnada en torno al concepto de tortura y memoria.
Otra versión cuenta que en tiempo remoto, un precario camión que transportaba un enganche de lugareños que laboran en los campos del valle central en faenas agrícolas estacionales, habría sufrido un grave accidente con consecuencias fatales, donde un número no determinado de campesinos del poblado rural adyacente al pueblo de Pichilemu, falleció dejando una secuela de viudas.
Teniendo presente que la denominación “Las Viudas” ya era conocida para las autoridades comunales (1918) y cartógrafos del IGM en 1923, este episodio habría sucedido con anterioridad, cuando los medios de transporte eran de tracción animal.
Con la colaboración de la señora Zunilda Fuentes Cáceres y don Anselmo Jorquera Hormazabal, encontramos una línea de vínculo familiar que conecta estos descendientes con el matrimonio de Nicasio Jorquera y Mercedes Vargas. La hija de ambos, Nicolasa Jorquera Vargas fue madre soltera de Anselmo Jorquera Jorquera, casado con doña Genoveva Clavijo, quienes tuvieron un hijo llamado Elizardo AnselmoJorquera Clavijo, padre de Anselmo Jorquera Hormazabal.
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