jueves, 4 de diciembre de 2025

Central Rapel, accidentes laborales.

La revisión del periódico de Melipilla, El Labrador del año 1964, nos
muestra que en enero se registró un deslizamiento de tierras en una de las excavaciones sepultando al obrero Luis Contreras Contreras de 37 años, casado y residente en el campamento obrero de la central Rapel. Meses más tarde, el obrero Erasmo Vallejos Carrasco de 28 años casado, sufrió un traumatismo encéfalo craneano luego que se volcara un capacho con mortero transportado por un andarivel desde 47 metros de altura, cayendo el material sobre una cuadrilla de trece operarios. Vallejos falleció cuando era trasladado al hospital de la central y otros dos obreros resultaron heridos de cierta gravedad. En junio del 65 fallecieron dos obreros al cortarse un tecle del dispositivo que los transportaba y caer estos desde una altura de 30 metros, sobre la construcción de la casa de máquinas. Instantáneamente murió Hernán O. Pachi Ovalle de 25 años y Reinaldo Romero Quintanilla de 29 años, gravemente herido murió durante su traslado a un hospital de Santiago. Por el momento cabe agregar el nombre del capataz Luis Ureta aportado por el Endesino Jaime Espinoza Rodríguez. Con esta persona alcanzamos un tercio de los fallecidos que reporta el Boletín de Endesa.

lunes, 9 de junio de 2025

AVENIDA D. ORTÚZAR Y SUS EVENTOS...

Más propiamente, las intersecciones afectadas por modificaciones para adecuar con cierta racionalidad el eje más importante del planeamiento urbano en el casco fundacional. Está claro que la razón de ser urbana de Pichilemu es el paso en ciernes de su condición de "Baños de Petrel" (1868), Caleta a Puerto Menor. Mediante el Decreto de 26 de mayo de 1884 que concede a Daniel Ortúzar el uso de la parte de playa, desde el Morro que se encuentra al sur del desague de La Laguna de Petrel, para plantar un embarcadero por medio de andariveles a flote. El inicio de las obras portuarias incluyen instalaciones destinadas a los servicios requeridos como; bodegas, oficinas de administración, aduana, cuartel policial, viviendas para el personal, oratorio...etc.- Don Daniel había adquirido, previamente, 22 de cuadras de terreno indiviso en la propiedad contigua al Morro, y cuyos propietarios son la Sucesión hereditaria de Don Ángel Gaete Vargas. No obstante, procede a construir edificios de hecho, antes de la partición y tener adjudicado a firme el dominio de los lotes que le corresponderían. De modo que el ingeniero E. Minchón, encargado de levantar la planta urbana, aprobada en 1897, contiene algunos "nudos" que fue necesario sortear de diferentes maneras. Uno de ellos es la interrupción de la boca calle Federico Errázuriz y Av. Daniel Ortúzar. Ahí se encuentra una construcción de gran dimensión, propiedad de Arturo Riveros Alcaide, quien, posteriormente, logró un canje de terrenos con la I.M., desplazando la proyección de Federico Errázuriz por un pasaje en el costado sur de la vivienda, de trece metros de ancho y que conecta Av. Ortúzar con calle San Antonio. Continuando al sur, la actual Aníbal Pinto hasta agosto de 1910 estaba considerado en el trazado ferroviario como parte del tramo final de la Estación de Pasajeros, la que estaría situada en la Población Ross. El Decreto del Ministerio de Industrias y Obras Públicas, número 1878, resolvió acortar en quinientos metros la longitud de la estación de Pichilemu en el ferrocarril, El Árbol a Pichilemu. Se tuvo en cuenta el ahorro económico, y la solicitud de más de una treintena de vecinos de la población en cuanto a la libertad de acceso de las personas a la playa. Al sur oriente, la entonces, calle Arturo Prat tuvo una prolongación hasta Aníbal Pinto en el área de la estación ferroviaria, gracias a la donación de la franja de terrenos necesaria de parte de don Daniel Ortúzar (1930), para permitir la conectividad requerida. Otro de los eventos dados y que tardó varios años en resolver fue la actual bocacalle en Av. Ortúzar con Santa María, puesto que en la conjunción se encontraba el lote de propiedad de Luis Torrealba, el que al mantenerse eriazo, era usado de hecho como enlace entre la calle y la avenida. Tras una larga negociación donde se barajaron varias alternativas, finalmente la I.M. logró la adquisición del sitio y establecer la conexión de estas importantes vías.

miércoles, 10 de julio de 2024

PICHIDEGUA

Las tierras que se encuentran en la Junta de los ríos Cachapoal y Tinguiririca, forman parte del territorio de la Comuna de Pichidegua y fueron de las primeras cedidas en propiedad a uno de los conquistadores del círculo más cercano de Pedro de Valdivia. En 1549 el Cabildo de Santiago se la adjudicó al Alguacil Mayor Juan Gómez de Almagro. Cailloa le llaman al paraje que el Capitán Gómez detentó hasta 1953, ocasión en la que se realizó un canje de Encomiendas, Estancias, Enseres, Animales..etc. con Gaspar de Orense. En este documento se precisa que la Estancia de Cailloa deslinda con las tierras de Puchudeume (sic). Varias décadas más tarde el vocablo adquiere otra grafía, Pichidegua, es la creación del Corregimiento de Colchagua en 1593 por el Gobernador Oñez de Loyola, derrotado y muerto en Curalava por los Reche. Pichidegua es uno de los poblados preexistentes, originarios. No fueron fundados ni creados, son los habitantes que ocupan la comarca en la época de contacto con los conquistadores europeos. Una comarca ocupada desde millares de año.
EL ROSARIO EL ROSARIO A la hora de la gratitud, cuando se hace presente, viene bien buscar en la memoria con la mente y el corazón abiertos para aquellos seres que realizaron un aporte significativo a sus coterráneos en áreas de máxima utilidad, como la educación, salud, a la infraestructura corporativa…etc. Bueno recordar, “las personas mueren cuando los olvidamos”. A modo personal mi reconocimiento a algunos beneméritos de El Rosario, hoy Litueche. Primero que todo, destacar al vecino benefactor de la comunidad de El Rosario en el álgido periodo de sentar la institucionalidad de la recién creada Comuna. Desmembrada de la Comuna de La Estrella en 1909, carente de recursos económicos, sin espacio propio donde sesionar, los cabildantes se reunían en sus primeros pasos en lugares prestados. Así que una de las preocupaciones iniciales son procurarse el arriendo de al menos dos piezas; sala de reunión y una para la Policía. El canon mensual ascendía a unos $12.- En el presupuesto elaborado en 1910 el Item para pago de arriendo de la sala municipal es de $100.- El contrato vigente hasta octubre alcanza a $80.- En 1915 se ocupan provisionalmente dependencias de la casa de don Olegario Osorio, mientras el arriendo pagado a don Adrián Solís alcanza a $25.- mensuales. Los primeros funcionarios que laboran allí son el Secretario y Tesorero servidos por una persona, en este caso por el señor Juan Antonio Castro y el Jefe de Policía con uno o dos ayudantes. El señor Víctor Rubio, el señor Delfín Bravo y el guardián Ramón Rubio. Otros policías de aquellos períodos son; los señores José A. Mori, Juan Lisboa, Luis Lisboa Segundo González. Con frecuencia debían esperar largamente el cumplimiento del pago de sus salarios. Consta que uno de los primeros caseros de la municipalidad fue el señor Olegario Osorio quién arrienda dos piezas por un canon anual de $12.- pesos, más adelante el arrendador pasó a ser el señor Bernardo Donoso, y el señor Adrián Solís Lisboa. En el diseño del presupuesto para el año 1911 ya se indica una partida extraordinaria de $500.- asignada para la construcción de la sede consistorial, antes de ello, es que surge la donación de un terreno del vecino señor, Aníbal José Rubio. Era parte de un título del señor Rubio que había adquirido al señor Jesús Campos y éste al señor Fidel Lazo Baeza, heredero de don Fidel Lazo Ponce de León casado con doña Julia Baeza, hijo de don Juan Paulino Lazo y doña Josefa Ponce de León, propietarios del Fundo rústico El Rosario de alrededor de 160 cuadras. “San Fernando, siete de abril de mil novecientos once. Por escritura ante mí, hoy, la Municipalidad de El Rosario adquirió de don Aníbal José Rubio por donación gratuita e irrevocable que este señor le hizo de un retazo de terreno ubicado en el Rosario Subdelegación diez y seis de este departamento, que es parte de lo inscrito en mil novecientos seis al número cuatrocientos cuarenta y dos y deslinda norte, el donante; Sur, Sucesión Gregorio Ponce, Oriente, Sucesión de Plácido Echeverría; Poniente, camino público. Don Onésimo Valenzuela, de este domicilio, requiere y firma. Alejandro Marín. Registro de propiedades del Conservador de Bienes Raíces de San Fernando, 7-4-1911 número 323, fojas 66. En el año del Centenario de la República los vecinos del casco urbano antiguo de El Rosario, según el Rol de Avalúos son una quincena: Capellanía de Estrella 9000 Curato del Rosario 30000 José Encarnación Rubio 4625 Florindo Molina 10150 Jesús Campos 3080 Aníbal Rubio 3000 Sucesión Plácido Echeverría 36000 Alejandro Echeverría 15100 Sucesión de Ramón Lisboa 3060 Sucesión de Pedro Lisboa 2800 Manuel José Solís 37675 José de C. Ponce 2850 Francisco Antonio Díaz 2040 Benito Lisboa 2075 Sucesión de Carmen Ponce 2032 Olegario Osorio 3100 En 1916 la I. M. adquiere mediante compra otro sitio a doña María Solís viuda de Farías en $1200.- de 25 metros de frente por 80 de fondo bajo los límites; al norte con camino vecinal a Manquehüe; Sur y Oriente con la vendedora y al Poniente, camino Público. La generosidad de la familia Rubio con su comunidad ya se había hecho manifiesta en 1893 cuando don Belisario Rubio donó el sitio y casa al Fisco para erigir una Escuela primaria, el documento de la Cesión, reza: “En la ciudad de San Fernando, a diez y ocho de Octubre de mil ochocientos noventa y tres. Por escritura otorgada en mi registro, de once de Agosto último, don Belisario Rubio de esta ciudad, hizo cesión gratuita a favor del fisco de una casa y sitio ubicada en el lugar del Rosario décima subdelegación de este departamento, para que en dicha casa se establezca una escuela fiscal para instrucción primaria, previniendo el cedente que si en el término de nueve meses no se establece la escuela caducará la cesión, como también si después de se suprime la mencionada escuela. El predio que se cede es parte del que hubo el señor Rubio por compra inscrita en el registro de propiedad del Conservador de Bienes Raíces en catorce de Noviembre de mil ochocientos noventa y uno, a fojas ciento noventa y tres vuelta y al número trescientos ochenta y cuatro y deslinda la parte que se transfiere: al Norte Sur y Poniente con el cedente, y al Oriente con el camino público. Don Vicente Frías de este domicilio, como portador de la copia del Contrato requiere y firma. Registro de propiedades del Conservador de Bienes Raíces de San Fernando, 18-10-1893 número 718, fojas 271. La propiedad donada al fisco es parte de un título adquirido por don Belisario en 1891 al señor Samuel Victoriano Echeverría bajo los siguientes límites: por el Norte con el zanjón que baja al estero del Rosario; al Poniente con el mismo estero; al Sur con don José María Solís, y al Oriente con el camino Público (actual calle Hermanos Carrera). A su vez, este retazo de terreno fue adquirido ante el notario y conservador don Pedro Parga, por el señor Echeverría a don José Domingo Fuenzalida en 29 de agosto de 1885, aquí consta que la extensión es de una cuadra más o menos y bajo los límites ya dichos a los que se agrega una precisión respecto del límite Norte en que indica que se trata de, ”el zanjón que baja del lugar de Manquehüe”. No señala este contrato la procedencia del título del señor Fuenzalida. José Domingo Fuenzalida Guzmán quién era casado con doña Nieves Lazo, heredera de don Fidel Lazo Ponce de León a la que correspondió la hijuela ocho de unas veinte cuadras más o menos a la que se denomina fundo rústico, en la partición de los bienes de sus padres. Dicho fundo rústico fue adquirido más tarde por el señor Belisario Rubio.

jueves, 27 de junio de 2024

JORQUERA VARGAS. Los fundadores de LAS VIUDAS.

LAS VIUDAS, Pueblo de las 7 Viudas, PUEBLO DE VIUDAS. ORÍGENES. El territorio y la ocupación humana. El caserío “Pueblo de Viudas”, se encuentra ubicado en 34*24’ de Latitud sur y 72*00’ de Longitud oeste, a una distancia de 2 kilómetros al sur de Pichilemu, Sexta Región. Según el “Listado de nombres geográficos” del Instituto Geográfico Militar. Edición 1984. El origen del nombre de este poblado se encuentra en la tradición oral y la leyenda. Se trataría de un asentamiento en terrenos donados por el Estado a 7 viudas de soldados fallecidos durante una guerra. No está claro cuál guerra. Las señaladas serían; la del 79 y la guerra civil del 91. Sobre los caseríos existentes, sabemos que desde la segunda mitad del siglo 18 se origina un polo urbano en los márgenes de un antiguo camino colonial, en Ciruelos, cabecera de la Diputación de Cáhuil y en 1891 se encuentra aún en el máximo apogeo como sede política administrativa de la Subdelegación 13 de Cáhuil. Hacia el sur oeste el caserío mismo de Cáhuil y al noroeste el paraje de Petrel. A la sazón, todos con escasas viviendas, constreñido el desarrollo urbano por la concentración del suelo en una veintena de propietarios, muchos de ellos producto de la subdivisión hereditaria. Un levantamiento de la planta urbana de Ciruelos en 1989 realizada por el arquitecto e historiador, el S.B. Gabriel Guarda, muestra el imperturbable caserío por más de 200 años. Algo muy similar ocurre con el caserío de Cáhuil, salvo el explosivo desarrollo inmobiliario a partir de la década del setenta con la conexión vial de un camino costero desde Pichilemu y la puesta en marcha de una Balsa que permite conectar la provincia de Colchagua con la provincia de Curicó. Obras claves para el desarrollo económico y social en este rincón de tierra deprimido por el centralismo. A finales del siglo XIX, en Petrel, costa del distrito 1 Ciruelos, se encuentra en ciernes una pujante demanda de terrenos por las prometedoras expectativas comerciales en torno del Puerto y su reconstrucción, además de dos grandes proyectos urbanísticos, Población Santa Irene y Población Ross. Aún, “Las Viudas” es un retazo rústico de tierras poblado por la descendencia del matrimonio Jorquera Vargas, también con escasas viviendas y pobladores dispersos en ambos lados del camino del Puerto a Ciruelos y Cáhuil. No se encuentran menciones en la literatura oficial ni en la cartografía. De las guerras, don José Arraño Acevedo nos refiere a la guerra del 91, como consigna en “Pichilemu y sus alrededores turísticos”, 1999. Pueblo de las 7 viudas. PUEBLO DE VIUDAS que debe su nombre a las mujeres que asumieron en soledad la crianza de sus hijos a consecuencia que sus hombres y/o parejas que sacrificaron sus propias vidas en la guerra civil de 1891. En tanto que para Álvaro Álvarez en “Ciruelos. El pueblo de una calle larga”. 2021. Éste, refiere el caso durante la guerra del 79. Recogiendo un relato de leyenda, dice que, “en un lugarejo camino a Pichilemu existían siete casas, de las cuales fueron obligados los hombres de estas a marchar a la guerra del Pacífico. De ellos, ninguno volvería, dejando siete viudas, las que darán origen al Pueblo de las siete Viudas”. No obstante, anteriormente dice, “podemos afirmar que la guerra del Pacífico, no afectó de gran manera la forma de vida de los campesinos y habitantes de la Subdelegación”. En cita de un comunicado enviado por el encargado de enrolar soldados para el batallón de San Fernando da cuenta que logró solo un voluntario y que “se han ocultado todos y dejado sus trabajos”, evitando el reclutamiento y las contribuciones para la guerra. Para ello se refugian en las numerosas quebradas de la costa. Cabe recordar que durante la guerra civil de 1891, don José Domingo Fuenzalida, propietario de varios terrenos en la comarca, lideró junto al cura Lisboa, a un grupo de colchaguinos que se embarcaron en el Maipo en el muelle de Daniel Ortúzar. Ocurrido esto, las tropas del ejército fueron enviadas a la costa con el propósito de destruir el muelle y reclutar soldados, ocasión para que nuevamente los lugareños tomaran la decisión de huir hacia las quebradas. No se conoce la identidad y la suerte de los milicianos embarcados o de aquellos que fueran forzosamente enganchados. Una Búsqueda en los archivos del Ministerio de Guerra de la época, no arrojó resultados sobre sus nombres, tampoco sobre viudas beneficiarias de pensiones de gracia o donaciones de terrenos en el área en cuestión. Por aquellos años, la propiedad rural se encontraba consolidada y en cuanto al suelo de “Las Viudas”, la propietaria de mayor importancia es doña Mercedes Vargas, la que es sindicada como dueña del área, desde antes de 1844. Según documento de compraventa. En el volumen 219 del Fondo Intendencia de Colchagua, Archivo Nacional, un catastro de los fundos rústicos de la Subdelegación trece de Colchagua indica la existencia de 167 minifundios, entre ellos el predio de la señora Mercedes Vargas con una superficie aproximada de treinta cuadras, en un rango de cinco a cuarenta y dos cuadras. (En Ciruelos. El pueblo de calle larga, de Álvaro Álvarez Pérez, página 77). El Plano de la Hijuelación del Fundo Pichilemu de la Sucesión Gaete de 1898, nos muestra en su límite oriente la pertenencia de doña Mercedes Vargas viuda de Jorquera, y al sur de ésta, don José Domingo Fuenzalida, al norte don Pedro Pavéz Polanco. Mercedes Vargas, casada con Nicasio Jorquera tuvieron once hijos que los heredaron, de ellos, Isabel vendió en 1915 un retazo de terreno de alrededor de ¼ de cuadra, “a doce cuadras del pueblo de Pichilemu hacia los Ciruelos y cuyos deslindes son por el oriente con el camino público a Ciruelos”. En cuanto al quehacer del municipio, desde su creación hasta la segunda mitad de 1918, no hay mención del caserío. En 15 de agosto al determinar el número y lugares para otorgar patentes de expendio de alcohol, figura disponible una “en el lugar de Las Viudas”. Misma mención en los años 1921 y 1924. Actas de la Ilustre Municipalidad de Pichilemu, editadas por Diego Grez C. 1894-1973. Por el año 1921, tres transacciones de terrenos lo indicarán como el “lugar llamado Las Viudas” y “en el Pueblo de las Viudas”. Estos son los primeros documentos que hacen referencia al caserío con la denominación, “Las Viudas”. En cuanto a la cartografía oficial, podemos indicar que los planos elaborados por el capitán Vidal Gormáz en 1872 y 1885, el área es señalada como terrenos no estudiados, luego de contar con los planos de las grandes haciendas vecinas; San Antonio de Petrel, El Puesto, San Miguel de las Palmas. El área en cuestión nunca fue una gran hacienda y el enorme mozaico de pequeñas y medianas suertes de tierras carecía de planos. Y nunca formó parte de una gran propiedad. En las llamadas Planchetas del Instituto Geográfico Militar del año 1923, levantado por el topógrafo, Leopoldo Lazcano, es donde encontramos el topónimo “Las Viudas”, por primera vez. Mito, leyenda, ficción y un poco de realidad para el folcklore urbano: También se dice que las siete viudas, no lo eran en aquel tiempo, aunque vestían riguroso luto luego de convenir la estratagema para proteger y justificar la ausencia de sus maridos, quienes habían huido a las quebradas para evitar ir al frente de guerra. Dicen… El ingenio empleado por aquellas mujeres habría provocado que el apelativo con su carga de sarcasmo (1) El sarcasmo es una forma de burlarse con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. “Las Viudas”. Así se popularizó el topónimo en la comarca, perdurando con algunas modificaciones hasta hoy. Cabe señalar que el territorio contiguo al sur de la antigua posesión de doña Mercedes Vargas, se les ha denominado con más de un nombre y gentilicio como; “Los Godos”, “Rosales”, Calderones”, “Rosedal”, “El Rosal”, “Lo Calderón”, “Las Comillas”, “Buenos Aires”… Pueblo de Viudas en el presente se encuentra dentro de los límites urbanos de la comuna y densamente poblado, exhibiendo un dinámico sector comercial. En la dramaturgia existe un guiño que tal vez tiene que ver con la leyenda de “El pueblo de las siete viudas”. Sus maridos, se escaparon para no ser llevados al enfrentamiento y los soldados, quienes intentan descubrir su paradero, ocupan militarmente su pueblo y las violentan para hacerlas hablar. El montaje tomado íntegramente de "El pueblo de las siete viudas", creado en el taller de Dramaturgia de Juan Radrigán, con el Colectivo La Matriz, es una mirada confusa sobre la historia, en la cual estas mujeres luchan contra sus recuerdos. Testimonios que hablan de la dignidad, el dolor, la rabia y la soledad vistos con ojos de mujer, quienes a través de su rito (juntarse todos los domingos) añoran al viento, testigo único de su eterna espera, a transformarse en eco de sus relatos para que nunca más se repita su historia. La puesta en escena desarrollada bajo el sello característico del conocido director nacional Rodrigo Pérez, quien se destaca por plasmar la intensidad de nuestras raíces; evoca voces de mujeres que en conjunto con todos los elementos, se convierten en instrumentos de la musicalidad del horror de este relato. Silencios, gestos y mínimos movimientos, propios de lo femenino, se articulan en una reflexión descarnada en torno al concepto de tortura y memoria. Otra versión cuenta que en tiempo remoto, un precario camión que transportaba un enganche de lugareños que laboran en los campos del valle central en faenas agrícolas estacionales, habría sufrido un grave accidente con consecuencias fatales, donde un número no determinado de campesinos del poblado rural adyacente al pueblo de Pichilemu, falleció dejando una secuela de viudas. Teniendo presente que la denominación “Las Viudas” ya era conocida para las autoridades comunales (1918) y cartógrafos del IGM en 1923, este episodio habría sucedido con anterioridad, cuando los medios de transporte eran de tracción animal. Con la colaboración de la señora Zunilda Fuentes Cáceres y don Anselmo Jorquera Hormazabal, encontramos una línea de vínculo familiar que conecta estos descendientes con el matrimonio de Nicasio Jorquera y Mercedes Vargas. La hija de ambos, Nicolasa Jorquera Vargas fue madre soltera de Anselmo Jorquera Jorquera, casado con doña Genoveva Clavijo, quienes tuvieron un hijo llamado Elizardo AnselmoJorquera Clavijo, padre de Anselmo Jorquera Hormazabal.

sábado, 25 de noviembre de 2023

TÚNEL? LOS TÚNELES.

LOS TÚNELES BAJO EL PARQUE ROSS. Varios túneles y con diversas trayectorias tiene el imaginario urbano de Pichilemu. En una cosa coinciden la mayoría, si no todos, llegan o parten desde el edificio del “Casino”. Hoy es posible, mediante la tecnología de prospección del suelo LIDAR, estudiar y conocer con certeza si de verdad existió uno o más túneles. De paso, quizás lo más importante, la real formación de la cueva funeraria en la esquina nor-poniente del Parque Agustín Ross. Y tal vez, si aún queda algún resto arqueológico del hallazgo realizado por los constructores de la escalinata de acceso a la playa, prolongación de la calle Jorge Errázuriz. No está demás indicar la encomiástica iniciativa de don Evaristo Merino Canales de detener los trabajos, informar a su mandante, señor A. Ross, quien solicitó a la U. de Chile que enviara un profesional para realizar un estudio de este singular enterratorio. Le correspondió al erudito José Toribio Medina asumir el análisis y emitir un informe con sus observaciones, dando cuenta al señor rector de la casa de estudios. Dicho informe fue publicado oficialmente en 1908 y lleva por título, “Los Restos indígenas de Pichilemu”. En cuanto a las galerías o túneles que observó J.T. Medina, señala que no fue posible determinar con precisión las dimensiones completas de la cueva, especialmente las que están en dirección sur a norte, dado que aún continuaban los trabajos para cimentar el techo de la cueva y que según su impresión, la entrada hoy en descubierto (1908) corresponde en realidad al fondo de la cueva. Cierto día de visita en la cueva me encontré con la señora “Chita” Maturana quien me indicó que esa cueva conectaba a través de un túnel secreto con el chalet en el cual ella y su familia residen. Este relato está en línea con la presunción de Medina, no obstante no solicité a la señora que me enseñara el lugar de su casa donde estaría aquel acceso. Pasaría mucho tiempo y converso con su hijo Alberto Yavar Maturana, quien vivió en dicho chalet por largos años. A la pregunta sobre la mentada puerta y túnel que uniría la casa y la cueva, responde categóricamente que no hay ni hubo tal conexión y que si a él le consta de haber visto, explorado y jugado muchas veces con sus amigos de infancia, de la familia Julio González, aquel túnel que partía desde los subterráneos del “Casino” y en dirección oriente-poniente, hacia la cueva bajo el Parque. No ha sido posible corroborar el relato con alguno de los miembros de la familia Julio González. Este es el derrotero más común, cuya finalidad ser una vía secreta de escape para los jugadores del casino, dado que éste desde sus orígenes y hasta el término, funcionaba clandestinamente, de modo que había que prever por la reputación de los clientes y las multas para los operadores en caso de una redada o fiscalización, no obstante “la canela” que recibían los funcionarios para hacer “vista gorda”. Alguna vez, también se dijo que el Túnel conectaba, la cueva con el casino y continuaba hasta la estación de FFCC. Algo así como un kilómetro. No puede faltar una conexión entre el Gran Hotel (Ross), la cueva y el casino y el acceso por el hotel habría estado situado en el primitivo espacio del Oratorio, luego comedor para niños, discoteque, e incendio mediante, una abigarrada feria. Esto en la esquina de Av. Agustín Ross con calle Comercio. Trabajé durante tres veranos en la disco “Chino´s Bar, regentado por Guillermo “Chino” Bradley Cerón y en su compañía bajamos al sótano de la disco para evaluar la posibilidad de ampliar la capacidad y la oferta del local dado el éxito y la afluencia de numeroso público que se iba a otros lugares buscando cabida. En este subterráneo habría estado el pórtico del cual no quedaba seña. Un ex empleado del Hotel Ross, administrador y gestor de la disco, conoció cada rincón de todas las dependencias de aquella manzana y señala que no hubo tal ingreso a un túnel. Caso parecido el del sótano del edificio del casino el que conocí y donde estuve muchas veces cuando era disco, “La Caverna”. La curiosidad por la historia del túnel me llevó a preguntar por el lugar donde se accedía a él. Me mostraron una pared donde habrían tapiado la entrada al túnel. Una gran obra de restauración, no había señales de intervención. No obstante el testimonio de un operario de las faenas de restauración, indica que él vio remover del lugar una gruesa puerta de madera que por su peso debió ser cargada por una máquina monta carga (Yale), además, dicha puerta tenía grabado el año 1810 (sic). Quizás 1910 tendría más sentido, en tanto que es aceptado comúnmente que la construcción del edificio se inició en 1906 y se habría terminado en 1909. La señora Rosa Ana Miranda nos comparte un relato familiar, su tío Aliro Miranda en compañía de otros jóvenes amigos entre los cuales había algunos que eran pescadores, exploraron las galerías de la cueva bajo el parque Ross, antes que tapiaran algunas. Se amarraron con sogas por la cintura y premunidos con velas para iluminarse, sobre todo en las galerías más profundas y curvas. Avanzaron poco porque se apagaban las velas con el agua que goteaba desde el techo, la oscuridad los atemorizó y abandonaron el intento. Un relato similar escuché de parte de don Alejandro Mella. Tal vez es el pescador referido en el relato de Aliro Miranda. Rosa Ana también recibió el comentario de la señora Elba Griffith de Carrasco quien trabajó en el Hotel Ross u Hotel Casino y señala que ambos hoteles estaban comunicados por un túnel. Además que existían más cuevas que llegaban hasta “El Barco Fantasma”.

LA CULTURA EN PUNTA DE LOBOS

CULTURA EN PUNTA DE LOBOS. Abordar este fenómeno en este sitio es referirnos a la presencia de seres humanos interactuando con el medio NATURAL; su geomorfología y los recursos que han permitido la ocupación del espacio a través de unos miles de años. Indispensables por cierto, la disposición de abundantes fuentes de agua para la bebida, fauna, peces, mariscos, algas y otros, todos hacen que este medio sea apto para el asentamiento humano de grupos de cazadores y recolectores en un extenso territorio. Nos hablan los escasos restos arqueológicos que la ciencia ha logrado rescatar y analizar. Mediante el auxilio de sus trabajos y estudios hemos podido ir conociendo algunos de sus artefactos, herramientas y también sus restos de cocina, ellos nos informan de los alimentos que componían su dieta. Y acaso, las piedras también muestran posibles señales de sus creencias y rituales. Los sitios arqueológicos hallados en esta área se reconocen como “conchales” y se ubican en las terrazas marinas, cuyas superficies cubiertas por formaciones de dunas en los niveles más bajos de las playas extensas y abiertas, al sur y norte de la “Puntilla de los lobos” y en la caleta rocosa, “Los Piures”, “con una altura promedio de 6 a 7 metros S.N.M. y cuya edad no es superior a 2000 años”. Entre sus utensilios a veces se encuentran vestigios de cerámica utilitaria, indicios de incipiente actividad agrícola y/o intercambio. Una terraza más alta y más antigua que se ubica entre 15 y 35 metros S.N.M. En estos yacimientos es donde ha trabajado el arqueólogo Julio Montané, Ricardo Larraín, Virgilio Schiappacasse, en los años 1951-1956 y 1960, han estimado su formación entre 2000 y 6000 años. El detalle de los hallazgos y conclusiones se encuentran en; Fechamientos tentativos de la ocupaciones humanas en dos terrazas a lo largo del litoral chileno, publicado en 1964 y en Restos precerámicos de Cáhuil. En las Notas del Museo de La Serena. N* 8 de1960. El material recolectado por Montané se encuentra en los gabinetes y bodegas del Museo Arqueológico de Viña del Mar y Museo Arqueológico de La Serena. Hallazgos más recientes, Gaete en 2003, de ocupaciones en las terrazas altas de la desembocadura del río Nilahue, fechadas por carbono 14 en 9700 años Antes del Presente y cuyas piezas se encuentran en el Museo Regional de Rancagua del Consejo MMNN. Más de una docena de sitios arqueológicos han sido descubiertos en el vasto territorio de la comuna, la mayoría insuficientemente estudiados y disturbados, de modo que resulta casi imposible lograr un mejor conocimiento para entender las culturas aborígenes que nos han antecedido. Intentamos una recreación según algunos patrones generales. Las bandas de pobladores pre-agro alfareros están compuestos por miembros vinculados básicamente por parentesco y amistad, en grupos de alrededor de un par de docenas de individuos, como promedio. Competían y luchaban entre sí con los clanes vecinos por los recursos y los espacios, pero también tenían contactos amistosos. Intercambiaban miembros, cazaban juntos, intercambian objetos raros, establecen alianzas, a veces estrechas con lazos de sujeción tribal, comparten un lenguaje, mitos, supersticiones, normas y valores comunes. La densidad de las capas de restos indican que las ocupaciones son estacionales y que los miembros de la horda se desplazaban permanentemente en busca de comidas, dados los ciclos cambiantes del clima y de la reproducción de plantas y frutos silvestres. Pasarán mucho tiempo deambulando de un lado a otro del mundo conocido, haciendo gala de un cúmulo de saberes y destrezas de sobrevivencia, durante varios milenios. INVASIONES CONQUISTADORAS. Durante la época de contacto con las invasiones de conquistadores incas en el siglo quince e hispanos en el siglo dieciséis, los aborígenes costinos en las tierras de Petel tienen vínculos de sujeción con pobladores del interior, en el valle central, y con los del norte, río Rapel, según la literatura colonial. “Entre Rapel y Ligueymo en la costa llamadas Petel”, merced en 1607 al capitán Tomás Duran. En el Distrito de Ligueymo y Rapel que corren de la Laguna Grande a la Laguna de Petel, merced en 1609 a Juan Francisco de Acevedo. La posesión de estas tierras fue hecha por el capitán Lorenzo Núñez de Silva, también propietario en el área de numerosas tierras adquiridas tanto por Merced como por compras. A mitad del siglo dieciocho, la Costa de Petel, hasta el río Nilague se encuentra fragmentada en un mosaico de propiedades rústicas, las que fue preciso Mensurar para reestablecer su cabida a los deslindes señalados en los documentos respectivos. Se comisionó al agrimensor general del Partido de Colchagua, don Andrés de Escudero llevar a cabo la mensura de al menos, media docena de predios. Cuyos dueños son; Felipe Pardo, José Lezana, Francisco González, Juan Catalán, Nicolás Arraño, Bernardo Poblete, y otro… Cabe señalar que en total, estos propietarios habían incorporado y gozado alrededor de 600 cuadras extras a sus pertenencias. Hacia finales de la era colonial y comienzos de la era republicana, la mayoría de los predios continúan subdividiéndose por particiones hereditarias. Dado el escaso valor agrícola, no existe mayor interés económico por estas tierras. Solo en el último cuarto del siglo diecinueve y comienzos del veinte, se vuelca la atención y foco a la zona del litoral entre el Estero de Petrel, Estero de Nilague y Punta La Sirena. Se debe al interés del Estado para erigir un gran puerto en el punto más apto de la costa intermedia entre Valparaíso y Talcahuano. Empresarios portuarios, inmobiliarios, financistas, adquieren propiedades en los probables lugares donde construirían el puerto, y más aún, obtienen decretos supremos para iniciar la construcción de muelles particulares; don Daniel Ortúzar en Pichilemu, don Antonio Cornisch en La Sirena. Ortúzar, inició la construcción de su muelle en la Rada de Pichilemu y fue declarado oficialmente como puerto menor en 1887. En tanto el señor Cornisch vendió sus derechos a los Hermanos Serdio, operadores del puerto de Matanzas. Mención aparte merece la adquisición de don Agustín Ross de numerosos retazos de tierras y salinas con los cuales formó el Fundo Millaco, y el patrocinio de un estudio de trazado ferroviario que bordeando el Estero de Nilague se habría paso al puerto a través de Cáhuil, Punta de Lobos y Catrianca. A la altura de Punta de Lobos se consultaba un túnel para evadir los campos de dunas. Tras la destrucción del muelle de Ortúzar en 1891, su madre adquirió un paño de la Puntilla de los Lobos, donde se encuentra la Caleta Los Piures, considerada también con algunas condiciones para levantar un muelle. Este es el terreno que heredaron los descendientes de doña Irene Cuevas de Ortúzar y que adquiere el Convento de La Merced. MERCEDARIOS EN PUNTA DE LOBOS. La Orden Mercedaria adquirió la propiedad de un terreno en el lugar denominado, “Los Lobos”, según reza el documento de inscripción de 19-5-1920 del Conservador de Bienes Raíces de San Fernando, inscripción N* 566 fojas 202. “Con el objeto de establecer en el terreno una casa para el uso de la Comunidad…”. La compraventa tuvo lugar en Santiago el 8-1-1920, la Orden mercedaria es representada por el Superior y Rector, Fr. Ramón Romero A. Los vendedores son; don Daniel, doña Cornelia y doña Rosa Ortúzar Cuevas. Los deslindes del terreno son: al norte y poniente con el mar y al sur y oriente con terrenos de don Francisco Vargas G. Este terreno en “Puntilla de Los Lobos”, había sido adquirido por doña Irene Cuevas Avaria vda. de Ortúzar en 1901 a don Francisco Vargas González. Soledad Díaz de los Reyes, actual encargada del Archivo y Biblioteca Mercedaria, ante la solicitud de definir el carácter de la mencionada casa, indica que; “Puedo confirmarte con absoluta seguridad que la denominación correcta que la Orden mantuvo en Punta de Lobos es “Casa de Veraneo”. Esta casa fue iniciativa del sacerdote mercedario Carlos Infante con el objetivo de disponer de un lugar en que los estudiantes y los frailes tuvieran un lugar para disfrutar el verano”. De modo que las denominaciones, Convento, Monasterio u otros, son inapropiados. Nunca cumplieron aquella funcionalidad. El quehacer e instalaciones de la casa de veraneo es descrita con maestría por el novicio mercedario Mario Noceti Zerega en su libro titulado, “Pinceladas Pichileminas” de año 2000. Existen también una docena de fotografías que registran e ilustran algunas actividades de la Comunidad. El bucólico pasar de los mercedarios en Punta de Lobos se experimentó por casi medio siglo, alterado solamente por algunos naufragios. Durante la década del 70, la paz del lugar fue disturbada con la apertura del camino de acceso a la casa como ramal del nuevo camino a Cáhuil. La llegada masiva de visitantes a las acogedoras playas del sector, determinó a la Orden a enajenar la propiedad. El nuevo comprador fue el señor Gilberto Quiroga, colchaguino residente en Argentina, quien no prestó atención al cuidado y mantención del inmueble, produciéndose un rápido deterioro. Posteriormente, él vendió al comerciante de Peralillo Froilán Araya. Como en los ochenta, él vendería gran parte del terreno al señor Diego Soto, chileno residente en Canada, y éste a su vez vendió al ciudadano francés Jean Robert Pistone en 1993. Desde Pistone a la fecha, la evolución de esta parte de la propiedad es más conocida. Aparte de ésta, la Orden fungía con otro paño al lado de la Laguna del Lobo en la cual disponían de un bote de paseo a remos, del que se conserva un registro fotográfico. El uso estival de la laguna y la propiedad aledaña de los curas provocó el cambio de nombre de ésta por, Laguna del Cura o de Los Curas, como se conoce hoy día. La apertura del camino de Pichilemu a Cáhuil en la década del 70 provocó un cambio enorme en toda el área sur de la comuna en muchos aspectos y las consecuencias trascienden positivamente en el desarrollo de toda la comunidad. Hasta el 70 el camino llegaba al sector conocido como Rancho Pinares y hasta Punta de Lobos se llegaba a pie o en carreta por la playa. También se accedía por el camino de La Lomilla hasta la propiedad del fundo Santo Domingo de José Domingo Fuenzalida y por caminos internos se podía cruzar quebradas y arenales en carreta para llegar a Los Lobos, residencia de vacaciones de los Mercedarios. El nuevo camino trajo una multitud de turistas y los mareros afincados en sus rucos se atrevieron a prestar servicios de comida y bebida en sus precarias ramadas, mientras tanto, esta afluencia ahuyentó a los curas y también a la población de los lobos marinos. UNA NUEVA ERA. Según testimonio de un lugareño, Don Galvita, un día llegó una figura impresionante, diabólica, extraterrestre o el mismísimo Jesucristo corriendo sobre las aguas, algo nunca visto. Otro lugareño del pueblo, Carlos Muñoz Guajardo, asegura haber acompañado en cabrita hasta Punta de Lobos al gringo californiano Robert, quien informado en Sacramento por un par de chilenos oriundos de Rengo, que en la costa de Pichilemu existían grandes olas aptas para surfear. Este solitario corredor se aventuró con sus implementos y llegó a finales del 71 a estas playas para verificar la recomendación. He buscado y conversado con una veintena de personajes pichileminos que indican haber visto, conocido, albergado en su hotel y casa… La mayoría de ellos concuerdan en las descripciones del sujeto. Existe un registro fotográfico de él junto a un par de los hermanos Sánchez Moreno, en tenidas de calle, afuera de su casa. Se espera obtener más evidencia para establecer cuanta verdad o mito hay tras este relato. Más elocuente y documentada, sin lugar a dudas, es la llegada de la tribu compuesta por Álvaro Abarca, Miguel Mandry, Patrick Irarrázaval y Carlos Donaire. Un día del año 82, luego de no lograr verificar una ola indicada en la playa de Bucalemu, prosiguen camino hacia el norte y conocen Punta de Lobos el que tampoco ese día mostró sus cualidades. Luego de almorzar en Playa Hermosa se dirigen a la Puntilla y esa tarde el mar había variado permitiendo correr las espumas por un largo trecho. Día siguiente de vuelta a explorar las condiciones de las olas de Punta de Lobos y correrlas. Eso bastó para volver cada fin de semana desde su base en la quinta región para experimentar las bondades del Diamante junto a la mayoría de los camaradas surfistas de la quinta región. Con la divulgación a través de los medios de la época se dio inicio a un fenómeno que se desarrolla cada vez, más y más, y cuyo hito más alto es haber sido sede de los Juegos Panamericanos 2023. Hoy se vive en Punta Lobos la cultura del surf, tras el desarrollo no imaginado del fenómeno instalado hace cuatro décadas por la práctica deportiva. Un salto cualitativo pero muy complejo de regular para mantener las condiciones naturales del hábitat que hace posible su razón de ser.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Almacenamiento de SAL.

Los antiguos edificios construidos para el almacenamiento de la sal de mar producida en la Marisma de Cáhuil han desafiado el clima y otras inclemencias a través de varios siglos, cada uno de ellos con diferente suerte. Aquí algunos para muestra.Fotografías por gentileza de Alejandro Guajardo.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Cáhuil en 1925 I.G.M.

Planchetas antiguas escala 1:25000 por Leopoldo Lazcano. Anuario N°1 Instituto Geográfico Militar (1891-1932). Medidas: 42x42 centímetros.

1872, Plano de la Costa de Chile entre Caleta Matanza y Río Mataquito.

por el Capitán de Corbeta Francisco Vidal Gormáz y el Guardia Marina Roberto Cueto.

Los viejos Bodegones, 1885.

En la cartografía levantada por Vidal Gormáz en 1885 se puede apreciar la silueta de las plantas de al menos tres de los seculares Bodegones para el almacenamiento de la sal, además de cuatro edificios menores en la parte superior del margen norte del río Nilahue o Marisma de Cáhuil. Con el paso de los siglos las bodegas salineras han sufrido cambios por el uso, algunas cambiaron de lugar, otras desaparecieron y otras reconstruidas se mantienen prestando su servicio hoy día.

Central Rapel, accidentes laborales.

La revisión del periódico de Melipilla, El Labrador del año 1964, nos muestra que en enero se registró un deslizamiento de tierras en una de...